martes, octubre 30, 2007

Busque la justicia

Mateo 6:25

Por tanto, os digo no os afanéis por vuestra vida qué habéis de comer o vestir.

Habla acerca del afán y Jesús enseña acerca de confiar en El, de confiar en sus promesas y su Palabra.

33 Mas buscad primeramente l reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas.

Quiere decir que Dios tiene un reino, pero dentro de ese reino, opera un principio muy valioso llamado justicia. Una cosa es que usted diga: “Voy a hacer que el reino me bendiga”, y otra es poner a funcionar la justicia del reino de Dios. El es justo, ¿usted confía en la justicia de Dios? ¿Cómo es la justicia de Dios? ¿La conoce? ¿Cómo opera? Dios es bueno, pero ¿cómo es El? Le da a cada quien de acuerdo a lo que le toca, pero eso es muy general. Tarde o temprano usted va a necesitar que Dios haga justicia en su vida a favor suyo. Dios me comenzó a revelar la segunda parte, que es la justicia que Dios hace, la justicia en las manos de Dios y hay una justicia que está en sus manos.

Buscad primeramente el reino… Sea un buscador del reino. En lugar de estar buscando cosas raras en Internet, busque el reino. En lugar de estar buscando novia, busque el reino. Haga que el reino lo siga, que se establezca. Jesús les enseñó: “pidan”. Venga a nosotros tu reino. Esto se pide. ¿Cuántas veces ha pedido: “Señor, establece tu reino en mi vida?”.

Busque la justicia. Le voy a hablar ahora de justicia, y cómo opera. ¿Sabe que tiene que ver con usted y con sus hijos? ¿Sabe que tiene el poder de pagarle de acuerdo a sus actos? ¿Que tiene su propia luz, que resplandece de tal manera que la verdad se evidencie?

Salmo 103:6
Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia.

¿Qué tal esto para cuando las cosas están duras? Dios dice que Él hace justicia y derecho para todos los que padecen violencia. ¿Cuántos han sido víctima de la violencia? Debemos decirle al Señor que haga justicia, que creemos en su justicia.

Lucas 18:1
También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.

Debemos ser insistentes. En el reino de Dios, el insistente es el que logra mucho, pero el débil, el que se rinde, el derrotado ese no va a lograr nada. El que dice: “Ahorita me respondes”, no puede llegar con Dios así. El principio es el siguiente: no desfallecer. El problema es cuando lo hacemos, cuando dejamos de creer insistentemente acerca de algo. La justicia de Dios tiene que ver con nuestra fe, con ver realizado lo que esperamos.

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