viernes, diciembre 15, 2006

La mejor riqueza que podemos dejar

La gente no escatima esfuerzos para asegurarse de legar sus propiedades y sus riquezas a los miembros de su familia o a las instituciones benéficas que más aprecian. Lamentablemente, algunas personas pasan tanto tiempo haciendo preparativos para que sus posesiones materiales sean pasadas a otros al morir, que no se fijan en lo que sus vidas pudieran dar ahora mismo.

La posesión más importante de un cristiano es su fe. Aunque la fe implica hacer decisiones personales, nuestros hijos y nuestros amigos pueden recibir de nosotros una herencia de principios rectos y un modelo de vida piadosa.

Una fe digna de ser dejada como herencia se basa en la verdad bíblica y en la segura convicción de que Dios es quien dice ser, y que cumple Sus promesas. Debemos experimentar una relación personal cada vez mayor con Jesús para poder compartirla con los demás. No podemos transmitir principios que sólo hemos leído o escuchado de otros, porque eso no funcionará.

Una pregunta que debemos hacernos es: ¿Me siento cómodo muriendo con la fe que he vivido? Muchas personas escogen con demasiado esmero las filosofías religiosas que guiarán sus vidas, pero descubren en las horas finales de su existencia la falacia de una perspectiva egocéntrica. Una fe digna de ser transmitida puede enfrentar el final de la vida sabiendo que estamos seguros por la eternidad en el Dios vivo, cuyo Hijo murió en el Calvario por nuestros pecados.

Un legado de fe es la mejor riqueza que podemos dejar, no solo a quienes vendrán después de nosotros, sino tambien a nuestros amigos y compañeros. A diferencia del dinero, un buen ejemplo no se puede dilapidar.

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