Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos.
1 Timoteo 1:18-19
El apóstol Pablo quería que su joven discípulo Timoteo entendiera la importancia de guardar la fe. Por eso, le escribe acerca de dos hombres que habían puesto de lado sus conciencias con un gran riesgo. Su ejemplo nos enseña que sin una clara comprensión de lo que es este regalo de Dios, corremos el riesgo de hacer zozobrar nuestra fe.
Muchas personas creen erróneamente que la conciencia es la voz de Dios, no un regalo Suyo. Fuimos creados con un "monitor interno" que actúa como una brújula moral para la vida, que apunta a un ideal fuera de nosotros cuando actuamos o tomamos decisiones. Pero como todo lo demás que hay en nosotros, nuestra conciencia está degradada y necesita ser redimida. De hecho, tiene el potencial de llevarnos en la dirección equivocada.
Pablo mismo es una ilustración de esto. Su educación formal como fariseo le había enseñado que los cristianos eran una amenaza para Dios y para la fe judía. Su conciencia había sido programada para destruirlos. Por eso perseguía por todas partes a los creyentes con apasionamiento y sin notar una alarma en su brújula moral. Sólo después de tener un encuentro con el Cristo resucitado en el camino de Damasco, fue transformada su conciencia y cambiado el curso de su vida.
Si no permitimos que Dios redima todo nuestro ser, nuestras decisiones demostrarán ser tan destructivas como el dejar de lado la conciencia. Al entender que la conciencia es un regalo dado por Dios, tendrá mayores oportunidades de mantenerse en el camino correcto. Además, si somete su conciencia al Espíritu Santo, encontrará un puerto seguro cuando las tormentas amenacen su fe o su futuro.
MATEO 28;19-20: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 28:20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén."
viernes, octubre 05, 2007
jueves, octubre 04, 2007
Los pensamientos de hoy, determinan el mañana
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Colosenses 3:16-17
La mente es la torre de control de la vida. Las decisiones determinan acciones, las que, a su vez, influyen en el futuro inmediato y lejano. La persona que cada uno de nosotros será de aquí a 20 años, será el resultado de cómo pensemos hoy. Si queremos que nuestra identidad futura sea agradable al Señor, tenemos que comenzar ya a programar nuestra mente con pensamientos rectos.
En dos de sus epístolas, el apóstol Pablo escribe sobre la necesidad del creyente de desechar el pensamiento mundano y de renovar su mente (Ro. 12:2; Ef. 4:23). Se nos ha dado la capacidad de pensar como Jesús si nos sometemos a la obra transformadora del Espíritu Santo. El primer acto de sometimiento es buscar las cosas de Dios. Esto significa abrir intencionalmente nuestra mente sólo a actitudes y filosofías que sean bíblicamente sanas. Debemos protegernos de la mentalidad narcisista del mundo, porque estamos llamados a ser siervos de Dios.
La segunda manera de someternos, es examinando cuidadosamente nuestros pensamientos con la Palabra y la voluntad de Dios. Debemos fijarnos en si una actitud o línea de pensamiento es agradable al Señor y útil para convertirnos en la persona que Él nos ha llamado a ser. Entonces, si un pensamiento no es bíblico, podemos elegir rechazarlo (2 Co. 10:5).
Desde luego, la única manera de saber si un pensamiento es agradable al Señor, es leyendo y meditando la Biblia. En Su Palabra, Él nos da ejemplos de vida y pensamientos rectos, y nos ofrece dirección para elegir esos modelos. La Escritura es el manual de instrucción para nuestra torre de control.
Colosenses 3:16-17
La mente es la torre de control de la vida. Las decisiones determinan acciones, las que, a su vez, influyen en el futuro inmediato y lejano. La persona que cada uno de nosotros será de aquí a 20 años, será el resultado de cómo pensemos hoy. Si queremos que nuestra identidad futura sea agradable al Señor, tenemos que comenzar ya a programar nuestra mente con pensamientos rectos.
En dos de sus epístolas, el apóstol Pablo escribe sobre la necesidad del creyente de desechar el pensamiento mundano y de renovar su mente (Ro. 12:2; Ef. 4:23). Se nos ha dado la capacidad de pensar como Jesús si nos sometemos a la obra transformadora del Espíritu Santo. El primer acto de sometimiento es buscar las cosas de Dios. Esto significa abrir intencionalmente nuestra mente sólo a actitudes y filosofías que sean bíblicamente sanas. Debemos protegernos de la mentalidad narcisista del mundo, porque estamos llamados a ser siervos de Dios.
La segunda manera de someternos, es examinando cuidadosamente nuestros pensamientos con la Palabra y la voluntad de Dios. Debemos fijarnos en si una actitud o línea de pensamiento es agradable al Señor y útil para convertirnos en la persona que Él nos ha llamado a ser. Entonces, si un pensamiento no es bíblico, podemos elegir rechazarlo (2 Co. 10:5).
Desde luego, la única manera de saber si un pensamiento es agradable al Señor, es leyendo y meditando la Biblia. En Su Palabra, Él nos da ejemplos de vida y pensamientos rectos, y nos ofrece dirección para elegir esos modelos. La Escritura es el manual de instrucción para nuestra torre de control.
miércoles, octubre 03, 2007
Cómo descubrir las minas terrestres
Cómo puede usted discernir y descubrir las minas terrestres que el Enemigo ha puesto en su camino?
Rinda su vida al Señor. Su relación con Dios es la defensa más importante que usted tiene. Si usted no tiene interés en conocer al Señor y Su voluntad, entonces ya está en medio de un campo minado, y el próximo paso que dé puede ser fatal. Sin pensar en las consecuencias, la gente se vuelve celosa, amargada o implacable. Comprometen sus convicciones, le abren la puerta a la inmoralidad o ceden a la pereza de mente y corazón, y luego se preguntan por qué su vida es a hora triste y agitada. Rendirse en el campo de batalla del Señor no es agitar la bandera blanca de la derrota. Es, por el contrario, un paso valiente dado hacia la victoria, la paz y la bendición.
Pida que le muestre Su verdad. En Efesios 6, Pablo habla de la armadura de Dios. Yo creo que ponerse la armadura cada mañana, es una parte esencial para estar en las fuerzas armadas de Dios. Hay sólo un arma ofensiva que Él nos ha dado, que es todo lo que necesitamos para permanecer firmes en nuestra fe contra los ataques de Satanás. Es la misma arma que Jesús utilizaba cuando enfrentaba la tentación del Enemigo: la Palabra de Dios, que es la verdad eterna del Señor comunicada al hombre. Si usted está enfrentando tentación en algún área, la Palabra de Dios puede enseñarle cómo manejarla sin poder en peligro su comunión con Él.
Comprométase a seguir a Dios, aun en tiempos de dificultades. Las pruebas y las aflicciones son una parte de la vida. No se puede estar a salvo de las dificultades y las tristezas. Sin embargo, las adversidades que enfrentamos son para Dios oportunidades perfectas para demostrar Su fidelidad. La adversidad es una herramienta poderosa en Su mano. Por tanto, no desperdicie su vida y su tiempo acumulando sentimientos de envidia y de celos. Por el contrario, dé gracias a Dios cuando Él le permita esperar Sus bendiciones. Podrá sentir que ha sido ignorado y puesto de lado, pero Dios todavía sigue trabajando con usted. Si confía en Él, experimentará Su bondad en el momento preciso y de la mejor manera posible.
Pida a Dios que le dé discernimiento y sabiduría de lo alto. La oración es fundamental para evitar las minas terrestres. Orar correctamente es sumamente importante. Por “correctamente”, quiero decir pedir a Dios que le dé un mayor conocimiento de Él para que pueda conocer Su voluntad y evitar las minas terrestres de Satanás. Dios sabe cuáles son las minas que Satanás ha escondido en su camino, y Él quiere que usted vea con seriedad la manera como está viviendo cada día.
Pida al Señor que le muestre claramente Su voluntad, y que le enseñe a seguir solamente Su voz. Esté dispuesto a obedecer Su llamado. La obediencia a Dios no sólo le mostrará cualquier mina terrestre que haya sido escondida delante de usted; también le preparará un camino seguro para que lo transite en medio de cualquier dificultad.
Rinda su vida al Señor. Su relación con Dios es la defensa más importante que usted tiene. Si usted no tiene interés en conocer al Señor y Su voluntad, entonces ya está en medio de un campo minado, y el próximo paso que dé puede ser fatal. Sin pensar en las consecuencias, la gente se vuelve celosa, amargada o implacable. Comprometen sus convicciones, le abren la puerta a la inmoralidad o ceden a la pereza de mente y corazón, y luego se preguntan por qué su vida es a hora triste y agitada. Rendirse en el campo de batalla del Señor no es agitar la bandera blanca de la derrota. Es, por el contrario, un paso valiente dado hacia la victoria, la paz y la bendición.
Pida que le muestre Su verdad. En Efesios 6, Pablo habla de la armadura de Dios. Yo creo que ponerse la armadura cada mañana, es una parte esencial para estar en las fuerzas armadas de Dios. Hay sólo un arma ofensiva que Él nos ha dado, que es todo lo que necesitamos para permanecer firmes en nuestra fe contra los ataques de Satanás. Es la misma arma que Jesús utilizaba cuando enfrentaba la tentación del Enemigo: la Palabra de Dios, que es la verdad eterna del Señor comunicada al hombre. Si usted está enfrentando tentación en algún área, la Palabra de Dios puede enseñarle cómo manejarla sin poder en peligro su comunión con Él.
Comprométase a seguir a Dios, aun en tiempos de dificultades. Las pruebas y las aflicciones son una parte de la vida. No se puede estar a salvo de las dificultades y las tristezas. Sin embargo, las adversidades que enfrentamos son para Dios oportunidades perfectas para demostrar Su fidelidad. La adversidad es una herramienta poderosa en Su mano. Por tanto, no desperdicie su vida y su tiempo acumulando sentimientos de envidia y de celos. Por el contrario, dé gracias a Dios cuando Él le permita esperar Sus bendiciones. Podrá sentir que ha sido ignorado y puesto de lado, pero Dios todavía sigue trabajando con usted. Si confía en Él, experimentará Su bondad en el momento preciso y de la mejor manera posible.
Pida a Dios que le dé discernimiento y sabiduría de lo alto. La oración es fundamental para evitar las minas terrestres. Orar correctamente es sumamente importante. Por “correctamente”, quiero decir pedir a Dios que le dé un mayor conocimiento de Él para que pueda conocer Su voluntad y evitar las minas terrestres de Satanás. Dios sabe cuáles son las minas que Satanás ha escondido en su camino, y Él quiere que usted vea con seriedad la manera como está viviendo cada día.
Pida al Señor que le muestre claramente Su voluntad, y que le enseñe a seguir solamente Su voz. Esté dispuesto a obedecer Su llamado. La obediencia a Dios no sólo le mostrará cualquier mina terrestre que haya sido escondida delante de usted; también le preparará un camino seguro para que lo transite en medio de cualquier dificultad.
martes, octubre 02, 2007
Conozcamos las estrategias
Las minas terrestres no son sólo letales; son siniestros artefactos colocados estratégicamente justo debajo de la superficie de la tierra, donde permanecen sin detectar hasta que se aplica una presión. Luego explotan, causando heridas tan graves que cualquier idea de recuperación parece imposible.
Muchas personas piensan erróneamente que Satanás utiliza medios claros para desviarnos del camino y conducirnos al campo de batalla donde él ha puesto su siniestro arsenal, pero no es así como él trabaja.
El enemigo no se muestra tan claramente. Sus armas de guerra más destructivas son mucho más sutiles. Cuando nos movemos en su dirección y pisamos el terreno que ha sido cultivado con el pecado y la corrupción, las minas terrestres del Enemigo explotan debajo de nosotros, y eso nos deja retorciéndonos por el dolor emocional. Los sentimientos de culpa, vergüenza y remordimiento levantan muy pronto una barrera entre Dios y nosotros.
Entre las minas terrestres espirituales más comunes están el orgullo, los celos, la envidia, la falta de seguridad, el compromiso, la falta de perdón, la frustración, el temor, la inmoralidad, el pecado sexual y la negligencia. Estos son los artefactos que el Enemigo pone en nuestro camino en su empeño por evitar que experimentemos el amor de Dios.
EL no quiere que tengamos una relación personal íntima con el Salvador. Dios nos creó para tener compañerismo. Su mayor deseo es que sepamos quién es Él y que conozcamos Sus designios. También quiere que tengamos compañerismo con los demás, pero el pecado impide esto, y el enemigo lo sabe. No es posible disfrutar del compañerismo con Dios si, en lo más recóndito de su mente, usted está luchando con pensamientos de celos, temores, inseguridad y envidia.
Finalmente, el enemigo quiere que sucumbamos a la duda y el temor. Una persona temerosa es un blanco fácil para nuestro Enemigo. Hubo un tiempo en que enfrenté mucho pesar. La tentación de dudar de la bondad de Dios era fuerte, y la idea de volverme temeroso debido a mis circunstancias era todavía más fuerte. Pero Dios, en su fidelidad, me recordó: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9).
Nunca tenemos una razón válida para sentirnos temerosos, porque el Dios soberano del universo nos ama con amor eterno, tiene un plan para nosotros y está comprometido a velar por nosotros. Si surgen problemas, Él no se turba. El mismo Dios que ha prometido amarle por la eternidad, no se adormece ni se duerme.
Muchas personas piensan erróneamente que Satanás utiliza medios claros para desviarnos del camino y conducirnos al campo de batalla donde él ha puesto su siniestro arsenal, pero no es así como él trabaja.
El enemigo no se muestra tan claramente. Sus armas de guerra más destructivas son mucho más sutiles. Cuando nos movemos en su dirección y pisamos el terreno que ha sido cultivado con el pecado y la corrupción, las minas terrestres del Enemigo explotan debajo de nosotros, y eso nos deja retorciéndonos por el dolor emocional. Los sentimientos de culpa, vergüenza y remordimiento levantan muy pronto una barrera entre Dios y nosotros.
Entre las minas terrestres espirituales más comunes están el orgullo, los celos, la envidia, la falta de seguridad, el compromiso, la falta de perdón, la frustración, el temor, la inmoralidad, el pecado sexual y la negligencia. Estos son los artefactos que el Enemigo pone en nuestro camino en su empeño por evitar que experimentemos el amor de Dios.
EL no quiere que tengamos una relación personal íntima con el Salvador. Dios nos creó para tener compañerismo. Su mayor deseo es que sepamos quién es Él y que conozcamos Sus designios. También quiere que tengamos compañerismo con los demás, pero el pecado impide esto, y el enemigo lo sabe. No es posible disfrutar del compañerismo con Dios si, en lo más recóndito de su mente, usted está luchando con pensamientos de celos, temores, inseguridad y envidia.
Finalmente, el enemigo quiere que sucumbamos a la duda y el temor. Una persona temerosa es un blanco fácil para nuestro Enemigo. Hubo un tiempo en que enfrenté mucho pesar. La tentación de dudar de la bondad de Dios era fuerte, y la idea de volverme temeroso debido a mis circunstancias era todavía más fuerte. Pero Dios, en su fidelidad, me recordó: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9).
Nunca tenemos una razón válida para sentirnos temerosos, porque el Dios soberano del universo nos ama con amor eterno, tiene un plan para nosotros y está comprometido a velar por nosotros. Si surgen problemas, Él no se turba. El mismo Dios que ha prometido amarle por la eternidad, no se adormece ni se duerme.
lunes, octubre 01, 2007
Debemos oir su voz
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen.
–(Juan 10:27)
Muchos creyentes no están seguros de su capacidad para oír o reconocer la voz de Dios. Temen que no podrán discernir cuando el Espíritu de Dios les esté hablando. Pero lo que aún no saben es que, de acuerdo a la Biblia, el oír la voz del Espíritu es un privilegio que tiene todo creyente (Romanos 8:14). Lo único que usted tiene que hacer para ejercer ese privilegio es recibirlo por la fe y estar en la condición de oír. Recuerde esto la próxima vez que el diablo trate de decirle que usted no podrá oír la voz de Dios.
Jesús dijo que sus ovejas conocen su voz y que no siguen la voz de un extraño. Esa es una promesa de Dios para usted. El Espíritu de Dios nunca lo guiará en dirección contraria a la Palabra escrita de Dios (Juan 16:13). Por eso, si usted no conoce lo que dice la Palabra, se le hará más difícil discernir el consejo del Espíritu.
Medite en la Palabra de Dios y estúdiela para que aprenda a reconocer la voz de Dios. Siga las instrucciones que Dios le dio a Josué, y medite en la Palabra de día y de noche. Obedezca siempre lo que dice la Palabra, no sólo cuando es fácil. Sea obediente incluso en las cosas más insignificantes.
La obediencia constante a la Palabra escrita le hará madurar y afinará su oído espiritual para que pueda reconocer la voz del Espíritu Santo. Pronto podrá reconocerla tan fácilmente como reconoce la voz de su mejor amigo.
Así que, en lugar de preguntarse si puede o no puede oír la voz de Dios, más bien espere tener noticias de Él. Luego, permanezca en la Palabra para que pueda afinar sus oídos espirituales.
–(Juan 10:27)
Muchos creyentes no están seguros de su capacidad para oír o reconocer la voz de Dios. Temen que no podrán discernir cuando el Espíritu de Dios les esté hablando. Pero lo que aún no saben es que, de acuerdo a la Biblia, el oír la voz del Espíritu es un privilegio que tiene todo creyente (Romanos 8:14). Lo único que usted tiene que hacer para ejercer ese privilegio es recibirlo por la fe y estar en la condición de oír. Recuerde esto la próxima vez que el diablo trate de decirle que usted no podrá oír la voz de Dios.
Jesús dijo que sus ovejas conocen su voz y que no siguen la voz de un extraño. Esa es una promesa de Dios para usted. El Espíritu de Dios nunca lo guiará en dirección contraria a la Palabra escrita de Dios (Juan 16:13). Por eso, si usted no conoce lo que dice la Palabra, se le hará más difícil discernir el consejo del Espíritu.
Medite en la Palabra de Dios y estúdiela para que aprenda a reconocer la voz de Dios. Siga las instrucciones que Dios le dio a Josué, y medite en la Palabra de día y de noche. Obedezca siempre lo que dice la Palabra, no sólo cuando es fácil. Sea obediente incluso en las cosas más insignificantes.
La obediencia constante a la Palabra escrita le hará madurar y afinará su oído espiritual para que pueda reconocer la voz del Espíritu Santo. Pronto podrá reconocerla tan fácilmente como reconoce la voz de su mejor amigo.
Así que, en lugar de preguntarse si puede o no puede oír la voz de Dios, más bien espere tener noticias de Él. Luego, permanezca en la Palabra para que pueda afinar sus oídos espirituales.
viernes, septiembre 28, 2007
Dispuesto a alcanzar la victoria
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.
Josué 1: 7-9
fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis".
Miguel, hombre conocido por todos como una persona de valores, el cual por una ofensa no violente, fue sentenciado a varios años de prisión. Cuando los alguaciles le colocaron las esposas para llevarlo a cumplir su condena, miro a su esposa e hijos con lágrimas en los ojos.
Natalia, una esposo que a pesar de que el sustento de la familia no estaba no se había abandonado a la depresión, a pesar que después de un tiempo perdieran la casas y tubo que mudarse a una casa rodante, perteneciente a uno de los hijos mayores.
Un día su esposo le llamo desde la penitenciaria y le explico que tenía un modo de cómo ganar algo de dinero lavando la ropa de los otros presos. La penitenciaria entregaba una cantidad limitada de jabón a los reos. Le pidió que comprase jabón suficiente y se lo llevara, para lavarles la ropa por poco dinero. Esto le proporcionaría a miguel el dinero suficiente para empezar de nuevo al salir.
Como miguel y Natalia tenían una fe firme en Jesús, que no implica que no dejaran de tener miedo y desesperación, pasaron por una experiencia que les acerco mas a Dios y los unió mas. Aun perdieron todas sus posesiones descubrieron que la vida no consiste solo en la abundancia de las cosas materiales. El mayor tesoro en la vida es el amor que una mujer y un hombre tienen el uno por el otro.
Pregunto ¿puede una pareja sobrevivir a la experiencia de la prisión? ¿Puede pasar por la perdida económica y sobrevivir? ¿Puede sobrevivir al ridículo público? ¿Puede soportar la indiferencia de los hermanos de la congregación? La repuesta es un rotundo SI.
Si tienes un ser querido en prisión, ore por esa persona, si tienes a un amigo en prisión, recuerde que su esposo e hijos tienen necesidades, acérquese y ayúdelos.
Recuerde que una cárcel no es solo estar detrás de una reja de hierro, es también estar preso en cualquier vicio. "fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis".
Josué 1: 7-9
fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis".
Miguel, hombre conocido por todos como una persona de valores, el cual por una ofensa no violente, fue sentenciado a varios años de prisión. Cuando los alguaciles le colocaron las esposas para llevarlo a cumplir su condena, miro a su esposa e hijos con lágrimas en los ojos.
Natalia, una esposo que a pesar de que el sustento de la familia no estaba no se había abandonado a la depresión, a pesar que después de un tiempo perdieran la casas y tubo que mudarse a una casa rodante, perteneciente a uno de los hijos mayores.
Un día su esposo le llamo desde la penitenciaria y le explico que tenía un modo de cómo ganar algo de dinero lavando la ropa de los otros presos. La penitenciaria entregaba una cantidad limitada de jabón a los reos. Le pidió que comprase jabón suficiente y se lo llevara, para lavarles la ropa por poco dinero. Esto le proporcionaría a miguel el dinero suficiente para empezar de nuevo al salir.
Como miguel y Natalia tenían una fe firme en Jesús, que no implica que no dejaran de tener miedo y desesperación, pasaron por una experiencia que les acerco mas a Dios y los unió mas. Aun perdieron todas sus posesiones descubrieron que la vida no consiste solo en la abundancia de las cosas materiales. El mayor tesoro en la vida es el amor que una mujer y un hombre tienen el uno por el otro.
Pregunto ¿puede una pareja sobrevivir a la experiencia de la prisión? ¿Puede pasar por la perdida económica y sobrevivir? ¿Puede sobrevivir al ridículo público? ¿Puede soportar la indiferencia de los hermanos de la congregación? La repuesta es un rotundo SI.
Si tienes un ser querido en prisión, ore por esa persona, si tienes a un amigo en prisión, recuerde que su esposo e hijos tienen necesidades, acérquese y ayúdelos.
Recuerde que una cárcel no es solo estar detrás de una reja de hierro, es también estar preso en cualquier vicio. "fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis".
jueves, septiembre 27, 2007
Una raíz de amargura
Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;
Hebreos 12:15
La amargura es un veneno, una mezcla que preparamos para alguien, pero que terminamos bebiéndola nosotros mismos. Hoy veremos otra ilustración útil que nos ayudará a entender los resultados del resentimiento.
Hebreos 12:15 describe a la amargura como una “raíz”. Piense en ello. ¿Dónde encuentra uno las raíces? Dentro de la tierra, por debajo de la superficie, alimentándose de los nutrientes que las rodean. Siempre que usted vea una planta, una flor o un árbol, tenga la seguridad de que por debajo de su apacible fachada hay una raíz que está extrayendo vida del suelo y llevándola al lugar donde está asentada la planta. Sin la raíz, la vegetación colapsa y muere.
¿Ve cómo esta imagen se parece a su vida espiritual? Quizás usted tiene una raíz de amargura bajo la superficie, prácticamente invisible para quienes pasan a su lado. Pero, ¿significa eso que la raíz de amargura que casi no se nota, está inerte y es inofensiva? ¡Claro que no! Por el contrario: usted puede tener la seguridad de que la raíz está haciendo su trabajo, extrayendo vida de usted y utilizándola para alimentar una mala hierba de odio, impaciencia y descontento.
Una raíz de amargura jamás producirá un buen fruto. Cuando la semilla, el suelo y la raíz son malos, es ilógico esperar otra cosa que no sea un fruto malo y una maraña de malas hierbas.
¡Pero anímese! El problema tiene solución. Lo único que se necesita para matar una mala hierba, es desenterrarla y eliminar la raíz. Arranque la fuente de su resentimiento del lugar donde se oculta. Sáquela a la luz, y después desechala.
Pidele a tu Padre Celestial, eso que necesitas para desechar la raiz de amargura.
Hebreos 12:15
La amargura es un veneno, una mezcla que preparamos para alguien, pero que terminamos bebiéndola nosotros mismos. Hoy veremos otra ilustración útil que nos ayudará a entender los resultados del resentimiento.
Hebreos 12:15 describe a la amargura como una “raíz”. Piense en ello. ¿Dónde encuentra uno las raíces? Dentro de la tierra, por debajo de la superficie, alimentándose de los nutrientes que las rodean. Siempre que usted vea una planta, una flor o un árbol, tenga la seguridad de que por debajo de su apacible fachada hay una raíz que está extrayendo vida del suelo y llevándola al lugar donde está asentada la planta. Sin la raíz, la vegetación colapsa y muere.
¿Ve cómo esta imagen se parece a su vida espiritual? Quizás usted tiene una raíz de amargura bajo la superficie, prácticamente invisible para quienes pasan a su lado. Pero, ¿significa eso que la raíz de amargura que casi no se nota, está inerte y es inofensiva? ¡Claro que no! Por el contrario: usted puede tener la seguridad de que la raíz está haciendo su trabajo, extrayendo vida de usted y utilizándola para alimentar una mala hierba de odio, impaciencia y descontento.
Una raíz de amargura jamás producirá un buen fruto. Cuando la semilla, el suelo y la raíz son malos, es ilógico esperar otra cosa que no sea un fruto malo y una maraña de malas hierbas.
¡Pero anímese! El problema tiene solución. Lo único que se necesita para matar una mala hierba, es desenterrarla y eliminar la raíz. Arranque la fuente de su resentimiento del lugar donde se oculta. Sáquela a la luz, y después desechala.
Pidele a tu Padre Celestial, eso que necesitas para desechar la raiz de amargura.
miércoles, septiembre 26, 2007
Un matrimonio feliz tras el reconocimiento.
Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente,[d] dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.
1 pedro 3.7
El matrimonio es mucho mas que una luna de miel: es un contrato de por vida. En la salud y la enfermedad, la abundancia y la pobreza, el matrimonio requiere de la devoción y capacidad madura de comprometerse aun cuando sea lo ultimo que queramos.
El matrimonio es el acto de que dos personas incompatibles aprendan a ser compatibles por medio de un compromiso de compasión.
El hecho es que antes del matrimonio los polos opuestos se atraen, y después del matrimonio se repelan.
Alguien dijo una vez: las mujeres tienen muchos defectos. Los hombres solo tienen dos: todo lo que dicen y todo lo que hacen. Una de las causas mas importantes de la fricción en el matrimonio es la incapacidad i la negativa de los hombres a vivir con ellas sabiamente.
La diferencia entre los sexos persiste cuando las mismas se malentienden o no se perciben.
Tanto los hombres como las mujeres deben aceptar un hecho muy importante: somos diferentes y estas diferencias que tenemos jamás, pero jamás, cambiaran. Debemos entender estas diferencias y convivir de acuerdo a lo que hemos aprendido de nuestro señor y salvador Jesucristo siendo sabios, humildes y dispuestos de corazón.
1 pedro 3.7
El matrimonio es mucho mas que una luna de miel: es un contrato de por vida. En la salud y la enfermedad, la abundancia y la pobreza, el matrimonio requiere de la devoción y capacidad madura de comprometerse aun cuando sea lo ultimo que queramos.
El matrimonio es el acto de que dos personas incompatibles aprendan a ser compatibles por medio de un compromiso de compasión.
El hecho es que antes del matrimonio los polos opuestos se atraen, y después del matrimonio se repelan.
Alguien dijo una vez: las mujeres tienen muchos defectos. Los hombres solo tienen dos: todo lo que dicen y todo lo que hacen. Una de las causas mas importantes de la fricción en el matrimonio es la incapacidad i la negativa de los hombres a vivir con ellas sabiamente.
La diferencia entre los sexos persiste cuando las mismas se malentienden o no se perciben.
Tanto los hombres como las mujeres deben aceptar un hecho muy importante: somos diferentes y estas diferencias que tenemos jamás, pero jamás, cambiaran. Debemos entender estas diferencias y convivir de acuerdo a lo que hemos aprendido de nuestro señor y salvador Jesucristo siendo sabios, humildes y dispuestos de corazón.
martes, septiembre 25, 2007
Tenga buen ánimo
Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave.
–(Hechos 27:22)
¿Qué hace usted cuando está en una situación realmente peligrosa?
Si es como yo era, usted clama a Dios con desesperación, Dios dijo a alguien una vez: "No, yo escucho el clamor de desesperación de un pecador porque eso es todo lo que puede implorar. Pero una vez que hayas nacido de nuevo, hijo, debes de clamar con fe.
Yo escucho el clamor de fe".¿Qué es un clamor de fe? Es llamar las cosas que no son como si fuesen (Romanos 4:17). Es lo que la Biblia quiere decir cuando dice: "Diga el débil: Fuerte soy" (Joel 3:10).
El apóstol Pablo sabía cómo usar el clamor de fe. Por eso en Hechos 27 exhortó a los hombres en ese barco estropeado y a punto de hundirse a "cobrar ánimo". Les instó a comenzar a actuar por fe. ¿Se imagina lo que pensaron los marineros cuando Pablo les habló?: "Ese predicador es un tonto. Escucha lo que está diciendo. Que cobremos ánimo. Hemos tirado todo lo que tenemos por la borda y él dice que tengamos buen ánimo".
Quizá usted ahora se sienta como se sintieron esos marineros. Tal vez sienta que su barco se está hundiendo. Es posible que tenga ganas de llorar por la desesperación. Pero no lo haga. En vez de eso, haga lo que el apóstol Pablo dijo y ¡cobre ánimo! Clame a Dios en fe y diga: "Señor, no me voy a desesperar. Voy a tener buen ánimo porque tu Palabra dice que me librarás de esta situación" (Salmo 34:19).
Entonces comience a alegrarse. Puede llevarle más determinación que todo lo que usted haya hecho antes, pero Dios le dará la fortaleza para hacerlo. Le dará el poder para estar gozoso en medio de la oscuridad más impía que el diablo pueda traer. En vez de llorar en desesperación, afírmese en la fe. Cante, regocíjese y alabe a Dios por su rescate. Tenga buen ánimo y podrá estar seguro de que Dios le llevará a través de la tormenta.
–(Hechos 27:22)
¿Qué hace usted cuando está en una situación realmente peligrosa?
Si es como yo era, usted clama a Dios con desesperación, Dios dijo a alguien una vez: "No, yo escucho el clamor de desesperación de un pecador porque eso es todo lo que puede implorar. Pero una vez que hayas nacido de nuevo, hijo, debes de clamar con fe.
Yo escucho el clamor de fe".¿Qué es un clamor de fe? Es llamar las cosas que no son como si fuesen (Romanos 4:17). Es lo que la Biblia quiere decir cuando dice: "Diga el débil: Fuerte soy" (Joel 3:10).
El apóstol Pablo sabía cómo usar el clamor de fe. Por eso en Hechos 27 exhortó a los hombres en ese barco estropeado y a punto de hundirse a "cobrar ánimo". Les instó a comenzar a actuar por fe. ¿Se imagina lo que pensaron los marineros cuando Pablo les habló?: "Ese predicador es un tonto. Escucha lo que está diciendo. Que cobremos ánimo. Hemos tirado todo lo que tenemos por la borda y él dice que tengamos buen ánimo".
Quizá usted ahora se sienta como se sintieron esos marineros. Tal vez sienta que su barco se está hundiendo. Es posible que tenga ganas de llorar por la desesperación. Pero no lo haga. En vez de eso, haga lo que el apóstol Pablo dijo y ¡cobre ánimo! Clame a Dios en fe y diga: "Señor, no me voy a desesperar. Voy a tener buen ánimo porque tu Palabra dice que me librarás de esta situación" (Salmo 34:19).
Entonces comience a alegrarse. Puede llevarle más determinación que todo lo que usted haya hecho antes, pero Dios le dará la fortaleza para hacerlo. Le dará el poder para estar gozoso en medio de la oscuridad más impía que el diablo pueda traer. En vez de llorar en desesperación, afírmese en la fe. Cante, regocíjese y alabe a Dios por su rescate. Tenga buen ánimo y podrá estar seguro de que Dios le llevará a través de la tormenta.
viernes, septiembre 21, 2007
Quítense de vosotros toda amargura
Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
Efesios 4:31-32
Imagine a una persona amargada, deprimida y emocionalmente devastada. Quien encorvada sobre una mesa de laboratorio añade metódicamente un poquito de esto y una pizca de aquello a un acido verde que está en el tubo de ensayo frente a él. Sus pensamientos son una mezcolanza de imágenes antiguas, y su corazón es un viejo mosaico de odio por un agravio que ocurrió hace mucho tiempo. Está pensando en la persona que lo hirió, y preparando un veneno para dárselo.
Suena como el pasaje de una película, ¿verdad? Sin embargo, aquí es donde la escena cambia de dirección. Imagine a ese mismo científico patético dando un suspiro de aviso cuando se endereza, maravillado de la venganza líquida que ha creado. Ahora, por último, imagine a esa pobre alma diciendo: "Ahora vas a ver", mientras levanta el tubo y se bebe el veneno.
Ése es un giro sorprendente, que uno no esperaría ver en una película. Pero, es muy posible que usted haya hecho lo mismo en algún momento.
La amargura es un veneno que preparamos para alguien, pero después somos nosotros quienes nos lo bebemos. Es una dosis concentrada de tóxico emocional, muchas veces un veneno que cultivamos y desarrollamos durante años. Cuando reaccionamos a las malas acciones de alguien dando rienda suelta a sueños de retribución y de odio, estamos envenenando lentamente nuestro corazón y nuestra mente.
Pídale a Dios que le revele cualquier señal de veneno que haya en su sistema. Y después, tome una dosis del antídoto: el perdón que solo viene de Él.
Efesios 4:31-32
Imagine a una persona amargada, deprimida y emocionalmente devastada. Quien encorvada sobre una mesa de laboratorio añade metódicamente un poquito de esto y una pizca de aquello a un acido verde que está en el tubo de ensayo frente a él. Sus pensamientos son una mezcolanza de imágenes antiguas, y su corazón es un viejo mosaico de odio por un agravio que ocurrió hace mucho tiempo. Está pensando en la persona que lo hirió, y preparando un veneno para dárselo.
Suena como el pasaje de una película, ¿verdad? Sin embargo, aquí es donde la escena cambia de dirección. Imagine a ese mismo científico patético dando un suspiro de aviso cuando se endereza, maravillado de la venganza líquida que ha creado. Ahora, por último, imagine a esa pobre alma diciendo: "Ahora vas a ver", mientras levanta el tubo y se bebe el veneno.
Ése es un giro sorprendente, que uno no esperaría ver en una película. Pero, es muy posible que usted haya hecho lo mismo en algún momento.
La amargura es un veneno que preparamos para alguien, pero después somos nosotros quienes nos lo bebemos. Es una dosis concentrada de tóxico emocional, muchas veces un veneno que cultivamos y desarrollamos durante años. Cuando reaccionamos a las malas acciones de alguien dando rienda suelta a sueños de retribución y de odio, estamos envenenando lentamente nuestro corazón y nuestra mente.
Pídale a Dios que le revele cualquier señal de veneno que haya en su sistema. Y después, tome una dosis del antídoto: el perdón que solo viene de Él.
jueves, septiembre 20, 2007
No nos dejemos llevar por la corriente
Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Romanos 6:11
Una mujer se despertó una mañana. Sintió que apenas se había acostado a descansar. Se dijo: “¡No pueden ser las seis de la mañana!” No obstante, la radio decía que eran las seis, el reloj decía que eran las seis, el amanecer decía que eran las seis.
Ahora bien, la pregunta es: ¿Importaba cómo se sentía ella? Necesitamos dejar de basar nuestra vidas en los altibajos emocionales y comenzar a considerar los hechos y promesas de Dios para cimentarnos en éstas.
Cada mañana al despertar, dígase: “Estoy muerto al pecado. Estoy vivo en Cristo. Sé que es un hecho. Él murió por mí. En eso creo.”
De gracias a Dios pues el ha regalado un dia mas de vida, una nueva oportunidad de aprovechar de sus promesas "mis bendiciones son nuevas cada mañana"
Deje de vivir en la corriente de los afanes cotidianos "mayor es el que esta conmigo que el que esta contra mi."
¿Considera usted que está muerto al pecado y vivo en Cristo? ¿Que puede descansar en El?
Romanos 6:11
Una mujer se despertó una mañana. Sintió que apenas se había acostado a descansar. Se dijo: “¡No pueden ser las seis de la mañana!” No obstante, la radio decía que eran las seis, el reloj decía que eran las seis, el amanecer decía que eran las seis.
Ahora bien, la pregunta es: ¿Importaba cómo se sentía ella? Necesitamos dejar de basar nuestra vidas en los altibajos emocionales y comenzar a considerar los hechos y promesas de Dios para cimentarnos en éstas.
Cada mañana al despertar, dígase: “Estoy muerto al pecado. Estoy vivo en Cristo. Sé que es un hecho. Él murió por mí. En eso creo.”
De gracias a Dios pues el ha regalado un dia mas de vida, una nueva oportunidad de aprovechar de sus promesas "mis bendiciones son nuevas cada mañana"
Deje de vivir en la corriente de los afanes cotidianos "mayor es el que esta conmigo que el que esta contra mi."
¿Considera usted que está muerto al pecado y vivo en Cristo? ¿Que puede descansar en El?
miércoles, septiembre 19, 2007
Por El son todas las cosas
26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo;(A) porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.
Hebreos 7:26-27
Cuando usted se siente convicto de un pecado específico, ¿cómo reacciona? ¿Se aflige por el asunto? ¿Piensa en ello con gran remordimiento durante días? ¿Afecta eso de alguna manera la rutina de su vida diaria?
Muchos cristianos se vienen abajo por completo cuando llega el momento de la convicción. Actúan como si el deseo de Dios para ellos fuera el que se regodearan en sentimientos de culpabilidad por el resto de sus vidas. Nada más lejos de la verdad.
Ayer vimos que los sacrificios del Antiguo Testamento tenían que repetirse una y otra vez. ¿Por qué razón? Porque esas ofrendas animales eran sólo un sustituto para lo que se requería en realidad: un sacrificio completamente perfecto. Esto se logró por la obra de Jesucristo. Él se presentó a Sí mismo como el sacrificio expiatorio de una vez para siempre en favor de todas las personas de este mundo. Como dice la letra del himno, Jesús “lo pagó todo” por medio de su increíble sacrificio.
Piense en ello. En el sistema humano, el sumo sacerdote introducía a un animal en el templo y lo ofrecía como sacrificio a Dios en favor del pecador. Pero en la obra de Cristo, el Hijo de Dios entró, no a un templo, sino al mismo cielo, y se presentó al Padre como el sacrificio expiatorio perfecto (He. 9:14).
Esto significa que la obra de perdón ha sido hecha. Si usted está en Cristo, entonces el sacrificio ya ha sido pagado por su pecado. Por tanto, cuando el Espíritu Santo lo convenza de pecado, resuelva el asunto de inmediato y siga adelante. No siga llevando encima el yugo de la falta de perdón que Jesús ya le ha quitado de sus hombros.
Hebreos 7:26-27
Cuando usted se siente convicto de un pecado específico, ¿cómo reacciona? ¿Se aflige por el asunto? ¿Piensa en ello con gran remordimiento durante días? ¿Afecta eso de alguna manera la rutina de su vida diaria?
Muchos cristianos se vienen abajo por completo cuando llega el momento de la convicción. Actúan como si el deseo de Dios para ellos fuera el que se regodearan en sentimientos de culpabilidad por el resto de sus vidas. Nada más lejos de la verdad.
Ayer vimos que los sacrificios del Antiguo Testamento tenían que repetirse una y otra vez. ¿Por qué razón? Porque esas ofrendas animales eran sólo un sustituto para lo que se requería en realidad: un sacrificio completamente perfecto. Esto se logró por la obra de Jesucristo. Él se presentó a Sí mismo como el sacrificio expiatorio de una vez para siempre en favor de todas las personas de este mundo. Como dice la letra del himno, Jesús “lo pagó todo” por medio de su increíble sacrificio.
Piense en ello. En el sistema humano, el sumo sacerdote introducía a un animal en el templo y lo ofrecía como sacrificio a Dios en favor del pecador. Pero en la obra de Cristo, el Hijo de Dios entró, no a un templo, sino al mismo cielo, y se presentó al Padre como el sacrificio expiatorio perfecto (He. 9:14).
Esto significa que la obra de perdón ha sido hecha. Si usted está en Cristo, entonces el sacrificio ya ha sido pagado por su pecado. Por tanto, cuando el Espíritu Santo lo convenza de pecado, resuelva el asunto de inmediato y siga adelante. No siga llevando encima el yugo de la falta de perdón que Jesús ya le ha quitado de sus hombros.
martes, septiembre 18, 2007
Nuestra sagrada tarea
Si usted mira la televisión por cierto tiempo, es muy probable que vea a un predicador proclamando las Buenas Nuevas. Y si enciende la radio, y pasa de una emisora a otra, encontrará lo mismo. El evangelio está en las habitaciones de los hoteles, en los foros de Internet, en las vallas publicitarias, en calcomanías de vehículos, en seminarios y en estudios bíblicos. A pesar de la moderna proclamación de que “Dios está muerto”, el mensaje de Cristo se agiganta con el tiempo. ¿Por qué razón?
La orden de “id, y haced discípulos a todas las naciones…” fue el último mandamiento de Jesús a Sus seguidores. Antes de ascender al cielo, comisionó a Sus discípulos para que difundieran las Buenas Nuevas, bautizando a los creyentes y “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:20). Hasta las primeras cartas de Pablo y los relatos de los evangelios, estos detalles del cristianismo eran transmitidos verbalmente. Y aunque el pueblo de Dios falló algunas veces, el Señor lo ungió con el Espíritu Santo para esta sagrada tarea. Los testimonios dados el día de Pentecostés hicieron que miles de personas de toda aquella región tuvieran el conocimiento salvador de Jesucristo (Hechos 2:41). En el libro de los Hechos encontramos relatos que detallan los viajes misioneros de varios discípulos. La tradición de llevar el Evangelio a otros países comenzó en aquel tiempo, y no ha cesado hasta hoy.
En tres viajes diferentes, Pablo, uno de los primeros misioneros, se hizo acompañar de personas tales como Juan Marcos y Bernabé, quienes más tarde realizaron sus propios viajes misioneros. Al igual que su Mesías, los que proclamaban el Evangelio eran perseguidos; Pablo sufrió prisiones y la muerte por su fe. En ese tiempo se enviaban misioneros a otras partes desde la Turquía actual e Israel. Estas tierras son hoy campos a los cuales se mandan misioneros.
El trabajo de evangelización ha modificado al mapa cristiano una y otra vez, muchas veces como respuesta a las guerras, a la política y a las luchas internas de la iglesia. Pero el cometido cristiano de compartir la fe nunca cesa. En realidad, el tesoro de la salvación es tan grande que muchos han sufrido de manera voluntaria para llevarlo más allá de sus fronteras.
Para cumplir con este mandato, debemos primero apropiarnos del reto. Después, debemos rendirnos por completo para ser utilizados por Dios. Por último, debemos ponernos a Su servicio, como mensajeros en la tarea de hacer discípulos en todo el mundo.
Piense en lo mucho que Dios ha invertido en usted. Piense en cómo ha dado a cada uno de Sus hijos dones y capacidades específicas para poder actuar en y a través de nosotros, para tocar a otros y para profundizar nuestra relación con Él. Dios tiene un plan para cada creyente, y cuando lo descubrimos ya no tenemos que perder tiempo buscándolo en vano; comenzamos a vivir la vida con un propósito claro y específico.
La orden de “id, y haced discípulos a todas las naciones…” fue el último mandamiento de Jesús a Sus seguidores. Antes de ascender al cielo, comisionó a Sus discípulos para que difundieran las Buenas Nuevas, bautizando a los creyentes y “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:20). Hasta las primeras cartas de Pablo y los relatos de los evangelios, estos detalles del cristianismo eran transmitidos verbalmente. Y aunque el pueblo de Dios falló algunas veces, el Señor lo ungió con el Espíritu Santo para esta sagrada tarea. Los testimonios dados el día de Pentecostés hicieron que miles de personas de toda aquella región tuvieran el conocimiento salvador de Jesucristo (Hechos 2:41). En el libro de los Hechos encontramos relatos que detallan los viajes misioneros de varios discípulos. La tradición de llevar el Evangelio a otros países comenzó en aquel tiempo, y no ha cesado hasta hoy.
En tres viajes diferentes, Pablo, uno de los primeros misioneros, se hizo acompañar de personas tales como Juan Marcos y Bernabé, quienes más tarde realizaron sus propios viajes misioneros. Al igual que su Mesías, los que proclamaban el Evangelio eran perseguidos; Pablo sufrió prisiones y la muerte por su fe. En ese tiempo se enviaban misioneros a otras partes desde la Turquía actual e Israel. Estas tierras son hoy campos a los cuales se mandan misioneros.
El trabajo de evangelización ha modificado al mapa cristiano una y otra vez, muchas veces como respuesta a las guerras, a la política y a las luchas internas de la iglesia. Pero el cometido cristiano de compartir la fe nunca cesa. En realidad, el tesoro de la salvación es tan grande que muchos han sufrido de manera voluntaria para llevarlo más allá de sus fronteras.
Para cumplir con este mandato, debemos primero apropiarnos del reto. Después, debemos rendirnos por completo para ser utilizados por Dios. Por último, debemos ponernos a Su servicio, como mensajeros en la tarea de hacer discípulos en todo el mundo.
Piense en lo mucho que Dios ha invertido en usted. Piense en cómo ha dado a cada uno de Sus hijos dones y capacidades específicas para poder actuar en y a través de nosotros, para tocar a otros y para profundizar nuestra relación con Él. Dios tiene un plan para cada creyente, y cuando lo descubrimos ya no tenemos que perder tiempo buscándolo en vano; comenzamos a vivir la vida con un propósito claro y específico.
lunes, septiembre 17, 2007
Sea valiente
Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.
–(Josué 1:7)
La vida de fe exige ser valiente. La mayoría de los creyentes no se dan cuenta de ello, pero esa es la verdad. Se necesita ser valiente para levantarse contra la enfermedad y declararse sano por la herida de Jesucristo. Se necesita ser valiente para esperar la prosperidad cuando uno echa la última moneda en la ofrenda y la pobreza está tocando a la puerta.
Habrá días en que preferirá aislarse de todo y esconderse antes que dar otro paso de fe contra el diablo. Pero usted no puede darse ese lujo, porque la batalla de la fe no se pelea una vez y luego se olvida. Si quiere continuar viviendo en victoria tendrá que seguir peleando la batalla de la fe una y otra vez.
No hay otra manera de hacerlo. Claro, algunos creyentes siempre tratan de encontrar otra manera. Por ejemplo, los israelitas. Ellos pensaron que cuando cruzaran el mar Rojo ya no tendrían más batallas. Por eso, cuando oyeron el informe acerca de los gigantes que vivían en la tierra prometida, decidieron que no podrían emprender la batalla; su valor se esfumó. Entonces tuvieron que tomar un desvío de 40 años por el desierto.
Pero ¿sabe qué? Los israelitas no pudieron evitar la batalla. Cuando llegó el tiempo para que la generación siguiente entrara en la tierra prometida, los gigantes aún estaban allí. Sin embargo, esa vez los israelitas se armaron de valor para enfrentarlos. ¿De dónde les vino ese valor? De la Palabra de Dios.
Josué, su líder, había seguido las instrucciones del Señor y había guardado esa Palabra en su mente y en su corazón, de día y de noche. Josué había meditado en ella y nunca se había olvidado de que Dios estaba de su parte.
Si usted va a pelear la buena batalla de la fe hasta el final, tendrá que hacer exactamente lo que hizo Josué. Tendrá que sacar continuamente valor de la Palabra de Dios. Así que decí¬dase a hacerlo. Empápese de la Palabra y deje que ella le transforme de cobarde a vencedor. Luego, marche a la batalla y mate a los gigantes en su tierra.
–(Josué 1:7)
La vida de fe exige ser valiente. La mayoría de los creyentes no se dan cuenta de ello, pero esa es la verdad. Se necesita ser valiente para levantarse contra la enfermedad y declararse sano por la herida de Jesucristo. Se necesita ser valiente para esperar la prosperidad cuando uno echa la última moneda en la ofrenda y la pobreza está tocando a la puerta.
Habrá días en que preferirá aislarse de todo y esconderse antes que dar otro paso de fe contra el diablo. Pero usted no puede darse ese lujo, porque la batalla de la fe no se pelea una vez y luego se olvida. Si quiere continuar viviendo en victoria tendrá que seguir peleando la batalla de la fe una y otra vez.
No hay otra manera de hacerlo. Claro, algunos creyentes siempre tratan de encontrar otra manera. Por ejemplo, los israelitas. Ellos pensaron que cuando cruzaran el mar Rojo ya no tendrían más batallas. Por eso, cuando oyeron el informe acerca de los gigantes que vivían en la tierra prometida, decidieron que no podrían emprender la batalla; su valor se esfumó. Entonces tuvieron que tomar un desvío de 40 años por el desierto.
Pero ¿sabe qué? Los israelitas no pudieron evitar la batalla. Cuando llegó el tiempo para que la generación siguiente entrara en la tierra prometida, los gigantes aún estaban allí. Sin embargo, esa vez los israelitas se armaron de valor para enfrentarlos. ¿De dónde les vino ese valor? De la Palabra de Dios.
Josué, su líder, había seguido las instrucciones del Señor y había guardado esa Palabra en su mente y en su corazón, de día y de noche. Josué había meditado en ella y nunca se había olvidado de que Dios estaba de su parte.
Si usted va a pelear la buena batalla de la fe hasta el final, tendrá que hacer exactamente lo que hizo Josué. Tendrá que sacar continuamente valor de la Palabra de Dios. Así que decí¬dase a hacerlo. Empápese de la Palabra y deje que ella le transforme de cobarde a vencedor. Luego, marche a la batalla y mate a los gigantes en su tierra.
jueves, agosto 09, 2007
Descansando en sus brazos
Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.
–(Hebreos 4:9,11)
El reposo de Dios: si consideramos la vida tan agitada y atareada que llevamos, ese reposo pareciera que es algo muy bueno, ¿cierto? Pero, ¿qué exactamente es ese reposo y cómo entramos en el?
En los capítulos tres y cuatro de Hebreos se compara el reposo de Dios a la posesión de la Tierra Prometida por los hijos de Israel. Esa tierra iba a ser un lugar donde todas las necesidades serían satisfechas; un lugar donde serían libres de los ataques de sus enemigos; un lugar del que nadie jamás podría echarlos. Lo único que tenían que hacer era entrar a la tierra y poseerla. Pero hubo algo que les impidió hacerlo: la incredulidad y la desobediencia.
Como creyentes, nosotros también tenemos la oportunidad de entrar a una Tierra Prometida de abundancia y paz; una tierra donde podemos descansar de nuestras luchas y disfrutar de la victoria de Dios. Para entrar en ella tenemos que hacer lo que los hijos de Israel no hicieron: debemos confiar en Dios y obedecer su voz.
¿Cómo se llega a ese punto de confianza y obediencia? Para llegar a ese punto es necesario conocer al Padre, y para conocerlo es necesario estar en comunión con Él por medio de la oración y de la Palabra: eso le traerá el reposo de Dios.
Nunca olvidaré cuando descubrí eso por primera vez. Había estado aprendiendo los principios de la fe y esforzándome por guardarlos. En ese entonces parecía que deshacerme de la duda y la incredulidad iba a ser difícil. Pero, entonces, un día empecé a concentrarme en cono¬cer al Padre en lugar de solo conocer acerca de Él. Cuando lo hice, Él empezó a darse a conocer. Me dio muestras de su corazón, de su naturaleza y de su amor. Cuando me mostró cuánto quería hacer por sus hijos, mi lucha se convirtió en paz, mi duda en confianza y mi temor en obediencia firme. Entonces, pude entrar en su reposo.
Propóngase conocer a su Padre; dedíquese a esa tarea; procure ese conocimiento. Él tiene una Tierra Prometida de reposo que le está esperando.
–(Hebreos 4:9,11)
El reposo de Dios: si consideramos la vida tan agitada y atareada que llevamos, ese reposo pareciera que es algo muy bueno, ¿cierto? Pero, ¿qué exactamente es ese reposo y cómo entramos en el?
En los capítulos tres y cuatro de Hebreos se compara el reposo de Dios a la posesión de la Tierra Prometida por los hijos de Israel. Esa tierra iba a ser un lugar donde todas las necesidades serían satisfechas; un lugar donde serían libres de los ataques de sus enemigos; un lugar del que nadie jamás podría echarlos. Lo único que tenían que hacer era entrar a la tierra y poseerla. Pero hubo algo que les impidió hacerlo: la incredulidad y la desobediencia.
Como creyentes, nosotros también tenemos la oportunidad de entrar a una Tierra Prometida de abundancia y paz; una tierra donde podemos descansar de nuestras luchas y disfrutar de la victoria de Dios. Para entrar en ella tenemos que hacer lo que los hijos de Israel no hicieron: debemos confiar en Dios y obedecer su voz.
¿Cómo se llega a ese punto de confianza y obediencia? Para llegar a ese punto es necesario conocer al Padre, y para conocerlo es necesario estar en comunión con Él por medio de la oración y de la Palabra: eso le traerá el reposo de Dios.
Nunca olvidaré cuando descubrí eso por primera vez. Había estado aprendiendo los principios de la fe y esforzándome por guardarlos. En ese entonces parecía que deshacerme de la duda y la incredulidad iba a ser difícil. Pero, entonces, un día empecé a concentrarme en cono¬cer al Padre en lugar de solo conocer acerca de Él. Cuando lo hice, Él empezó a darse a conocer. Me dio muestras de su corazón, de su naturaleza y de su amor. Cuando me mostró cuánto quería hacer por sus hijos, mi lucha se convirtió en paz, mi duda en confianza y mi temor en obediencia firme. Entonces, pude entrar en su reposo.
Propóngase conocer a su Padre; dedíquese a esa tarea; procure ese conocimiento. Él tiene una Tierra Prometida de reposo que le está esperando.
miércoles, agosto 08, 2007
Tu boca define tu futuro
Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios.
–(Salmo 141:3)
¿De veras cree usted que necesita guardar su boca? La mayoría de los creyentes no lo creen. Ponga atención a lo que dicen y se dará cuenta de ello. Por ejemplo, cuando se trata de la salud, dicen que confían en Dios; pero uno los oye decir: "Estoy seguro de que me va a dar gripe; todos los años me da".
¿Cree usted que esas personas tienen lo que dicen?
¡Claro que sí! Pregúnteles unas semanas después y su respuesta será que sí se enfermaron, tal como lo habían dicho. Pero si usted trata de decirles que hay cierta relación entre las palabras que dijeron y la enfermedad que adquirieron, lo mirarán como si estuviera loco.
Ahora, si esas personas escudriñaran la Palabra de Dios y entendieran lo que dice acerca del tema, se darían cuenta de que las palabras que hablan tienen un gran impacto en sus vidas y definen, casi literalmente, su futuro. Si usted es creyente nacido de nuevo, ya habrá visto los ejemplos más poderosos de ese impacto. Usted creyó con su corazón y confesó con su boca que Jesús es el Señor, y esas palabras cambiaron el curso de su vida por la eternidad. Usted sabe por experiencia propia el poder que tienen las palabras.
No obstante, si usted es como yo, se habrá dado cuenta de que es difícil ser constante cuando se trata de hablar palabras llenas de fe. Yo he estado haciéndolo por muchos años; sin embargo, a pesar de todo ese tiempo y de todas las experiencias que he tenido, siempre debo tener cuidado con mis palabras.
El mundo que le rodea va por la corriente negativa. Como un río caudaloso, el mundo siempre está tratando de arrastrarle para que usted siga esa corriente. Pero cuando usted vive por fe y habla palabras de fe, es como estar remando contra la corriente. Puede hacerlo, pero es un trabajo muy arduo. Nunca podrá darse el lujo de tomarse unas vacaciones en ese trabajo. Si usted afloja un poquito, la corriente empezará a llevárselo río abajo.
Decídase ahora mismo a guardar la puerta de sus labios y a llenar su boca constantemente con la Palabra de Dios: "Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones" (Proverbios 4:20). Haga de la Palabra de Dios su guarda, y todo lo que diga le llevará un poco más río arriba.
–(Salmo 141:3)
¿De veras cree usted que necesita guardar su boca? La mayoría de los creyentes no lo creen. Ponga atención a lo que dicen y se dará cuenta de ello. Por ejemplo, cuando se trata de la salud, dicen que confían en Dios; pero uno los oye decir: "Estoy seguro de que me va a dar gripe; todos los años me da".
¿Cree usted que esas personas tienen lo que dicen?
¡Claro que sí! Pregúnteles unas semanas después y su respuesta será que sí se enfermaron, tal como lo habían dicho. Pero si usted trata de decirles que hay cierta relación entre las palabras que dijeron y la enfermedad que adquirieron, lo mirarán como si estuviera loco.
Ahora, si esas personas escudriñaran la Palabra de Dios y entendieran lo que dice acerca del tema, se darían cuenta de que las palabras que hablan tienen un gran impacto en sus vidas y definen, casi literalmente, su futuro. Si usted es creyente nacido de nuevo, ya habrá visto los ejemplos más poderosos de ese impacto. Usted creyó con su corazón y confesó con su boca que Jesús es el Señor, y esas palabras cambiaron el curso de su vida por la eternidad. Usted sabe por experiencia propia el poder que tienen las palabras.
No obstante, si usted es como yo, se habrá dado cuenta de que es difícil ser constante cuando se trata de hablar palabras llenas de fe. Yo he estado haciéndolo por muchos años; sin embargo, a pesar de todo ese tiempo y de todas las experiencias que he tenido, siempre debo tener cuidado con mis palabras.
El mundo que le rodea va por la corriente negativa. Como un río caudaloso, el mundo siempre está tratando de arrastrarle para que usted siga esa corriente. Pero cuando usted vive por fe y habla palabras de fe, es como estar remando contra la corriente. Puede hacerlo, pero es un trabajo muy arduo. Nunca podrá darse el lujo de tomarse unas vacaciones en ese trabajo. Si usted afloja un poquito, la corriente empezará a llevárselo río abajo.
Decídase ahora mismo a guardar la puerta de sus labios y a llenar su boca constantemente con la Palabra de Dios: "Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones" (Proverbios 4:20). Haga de la Palabra de Dios su guarda, y todo lo que diga le llevará un poco más río arriba.
martes, agosto 07, 2007
Yo soy importante
Entonces dijo: «Vaya borrar de la tierra al ser humano que he creado. y haré lo mismo con los animales, los reptiles y las aves del cielo. ¡Me arrepiento de haberlos creado!» (Génesis 6:7,8).
Una de las mentiras más perjudiciales que el diablo le haya dicho es: "Usted no es importante." Nunca crea eso. ¡Usted es importante! Cada miembro nacido de nuevo en la Iglesia de Jesucristo tiene una parte que cumplir en el plan de Dios. El tiene algo para que haga que nadie más puede hacerla como usted puede. Si no toma su lugar y hace su parte, las cosas no estarán del todo bien. Puedo escucharlo pensar: "Gloria, yo soy sencillamente una persona. ¿Qué puedo hacer que sea tan significativo?"
Mire en Génesis 6 y verá la respuesta a esa pregunta. Allí verá que la gente en la tierra se había vuelto tan perversa , que Dios se había arrepentido de haberla creado. El estaba listo para raer a todos los habitantes, pero no lo hizo. ¿Por qué? A causa de un hombre: ¡Noé! Un hombre obediente salvó a la raza humana. Piense en eso. ¿Qué habría pasado si Noé hubiera dicho: "Bueno, esto es demasiada presión para mí Yo no puedo vivir rectamente delante de Dios en me de esta generación impía.
Quiero decir que todos a mi alrededor están viviendo de otra forma. Todo hombre a mi alrededor concibe sólo maldad en su corazón. De todos modos yo no puedo influir en este mundo tenebroso. Sólo soy un hombre"?
Gloria a Dios, Noé no dijo eso. El no se imaginó a sí mismo como un hombre insignificante cuya vida no importaba. Según Hebreos, se vio a sí mismo como un hombre a quien Dios le había hablado, y por la fe obedeció a Dios. Y por eso terminó siendo el único que se interpuso entre la humanidad y la destrucción total.
La próxima vez que sea tentado a quitarle importancia a las instrucciones de Dios y a ser desobediente, la próxima vez que se sorprenda a sí mismo pensando: "No importa lo que yo haga", recuerde a Noé. Considere el hecho de que, ya sea que lo comprenda o no, Dios cuenta con usted para llevar a cabo su parte en el plan de Dios. Viva como si usted fuera alguien importante en el reino de Dios. Tarde o temprano, usted se dará cuenta de que lo es.
Una de las mentiras más perjudiciales que el diablo le haya dicho es: "Usted no es importante." Nunca crea eso. ¡Usted es importante! Cada miembro nacido de nuevo en la Iglesia de Jesucristo tiene una parte que cumplir en el plan de Dios. El tiene algo para que haga que nadie más puede hacerla como usted puede. Si no toma su lugar y hace su parte, las cosas no estarán del todo bien. Puedo escucharlo pensar: "Gloria, yo soy sencillamente una persona. ¿Qué puedo hacer que sea tan significativo?"
Mire en Génesis 6 y verá la respuesta a esa pregunta. Allí verá que la gente en la tierra se había vuelto tan perversa , que Dios se había arrepentido de haberla creado. El estaba listo para raer a todos los habitantes, pero no lo hizo. ¿Por qué? A causa de un hombre: ¡Noé! Un hombre obediente salvó a la raza humana. Piense en eso. ¿Qué habría pasado si Noé hubiera dicho: "Bueno, esto es demasiada presión para mí Yo no puedo vivir rectamente delante de Dios en me de esta generación impía.
Quiero decir que todos a mi alrededor están viviendo de otra forma. Todo hombre a mi alrededor concibe sólo maldad en su corazón. De todos modos yo no puedo influir en este mundo tenebroso. Sólo soy un hombre"?
Gloria a Dios, Noé no dijo eso. El no se imaginó a sí mismo como un hombre insignificante cuya vida no importaba. Según Hebreos, se vio a sí mismo como un hombre a quien Dios le había hablado, y por la fe obedeció a Dios. Y por eso terminó siendo el único que se interpuso entre la humanidad y la destrucción total.
La próxima vez que sea tentado a quitarle importancia a las instrucciones de Dios y a ser desobediente, la próxima vez que se sorprenda a sí mismo pensando: "No importa lo que yo haga", recuerde a Noé. Considere el hecho de que, ya sea que lo comprenda o no, Dios cuenta con usted para llevar a cabo su parte en el plan de Dios. Viva como si usted fuera alguien importante en el reino de Dios. Tarde o temprano, usted se dará cuenta de que lo es.
Yo soy importante
Entonces dijo: «Vaya borrar de la tierra al ser humano que he creado. y haré lo mismo con los animales, los reptiles y las aves del cielo. ¡Me arrepiento de haberlos creado!» (Génesis 6:7,8).
Una de las mentiras más perjudiciales que el diablo le haya dicho es: "Usted no es importante." Nunca crea eso. ¡Usted es importante! Cada miembro nacido de nuevo en la Iglesia de Jesucristo tiene una parte que cumplir en el plan de Dios. El tiene algo para que haga que nadie más puede hacerla como usted puede. Si no toma su lugar y hace su parte, las cosas no estarán del todo bien. Puedo escucharlo pensar: "Gloria, yo soy sencillamente una persona. ¿Qué puedo hacer que sea tan significativo?"
Mire en Génesis 6 y verá la respuesta a esa pregunta. Allí verá que la gente en la tierra se había vuelto tan perversa , que Dios se había arrepentido de haberla creado. El estaba listo para raer a todos los habitantes, pero no lo hizo. ¿Por qué? A causa de un hombre: ¡Noé! Un hombre obediente salvó a la raza humana. Piense en eso. ¿Qué habría pasado si Noé hubiera dicho: "Bueno, esto es demasiada presión para mí Yo no puedo vivir rectamente delante de Dios en me de esta generación impía.
Quiero decir que todos a mi alrededor están viviendo de otra forma. Todo hombre a mi alrededor concibe sólo maldad en su corazón. De todos modos yo no puedo influir en este mundo tenebroso. Sólo soy un hombre"?
Gloria a Dios, Noé no dijo eso. El no se imaginó a sí mismo como un hombre insignificante cuya vida no importaba. Según Hebreos, se vio a sí mismo como un hombre a quien Dios le había hablado, y por la fe obedeció a Dios. Y por eso terminó siendo el único que se interpuso entre la humanidad y la destrucción total.
La próxima vez que sea tentado a quitarle importancia a las instrucciones de Dios y a ser desobediente, la próxima vez que se sorprenda a sí mismo pensando: "No importa lo que yo haga", recuerde a Noé. Considere el hecho de que, ya sea que lo comprenda o no, Dios cuenta con usted para llevar a cabo su parte en el plan de Dios. Viva como si usted fuera alguien importante en el reino de Dios. Tarde o temprano, usted se dará cuenta de que lo es.
Una de las mentiras más perjudiciales que el diablo le haya dicho es: "Usted no es importante." Nunca crea eso. ¡Usted es importante! Cada miembro nacido de nuevo en la Iglesia de Jesucristo tiene una parte que cumplir en el plan de Dios. El tiene algo para que haga que nadie más puede hacerla como usted puede. Si no toma su lugar y hace su parte, las cosas no estarán del todo bien. Puedo escucharlo pensar: "Gloria, yo soy sencillamente una persona. ¿Qué puedo hacer que sea tan significativo?"
Mire en Génesis 6 y verá la respuesta a esa pregunta. Allí verá que la gente en la tierra se había vuelto tan perversa , que Dios se había arrepentido de haberla creado. El estaba listo para raer a todos los habitantes, pero no lo hizo. ¿Por qué? A causa de un hombre: ¡Noé! Un hombre obediente salvó a la raza humana. Piense en eso. ¿Qué habría pasado si Noé hubiera dicho: "Bueno, esto es demasiada presión para mí Yo no puedo vivir rectamente delante de Dios en me de esta generación impía.
Quiero decir que todos a mi alrededor están viviendo de otra forma. Todo hombre a mi alrededor concibe sólo maldad en su corazón. De todos modos yo no puedo influir en este mundo tenebroso. Sólo soy un hombre"?
Gloria a Dios, Noé no dijo eso. El no se imaginó a sí mismo como un hombre insignificante cuya vida no importaba. Según Hebreos, se vio a sí mismo como un hombre a quien Dios le había hablado, y por la fe obedeció a Dios. Y por eso terminó siendo el único que se interpuso entre la humanidad y la destrucción total.
La próxima vez que sea tentado a quitarle importancia a las instrucciones de Dios y a ser desobediente, la próxima vez que se sorprenda a sí mismo pensando: "No importa lo que yo haga", recuerde a Noé. Considere el hecho de que, ya sea que lo comprenda o no, Dios cuenta con usted para llevar a cabo su parte en el plan de Dios. Viva como si usted fuera alguien importante en el reino de Dios. Tarde o temprano, usted se dará cuenta de que lo es.
lunes, agosto 06, 2007
Usted tiene que tomar la decisión
Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.
–(Marcos 5:22-24)
Me pregunto: ¿cuándo va Dios a hacer algo acerca de este problema? ¿Alguna vez se ha hecho usted esa pregunta? Si es así, se sorprenderá al descubrir que la respuesta depende cien por ciento de usted.
Hay un caso en Marcos 5 que le mostrará lo que quiero decir. Jesús acababa de bajar de una barca y la gente lo estaba apretando, "rodeándole". La gente le había hecho retroceder a la playa cuando, súbitamente, venía un hombre pasando en medio de esa multitud para llegar a Jesús.Marcos registra que el hombre se postra a los pies de Jesús y le ruega, diciendo: "Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella... y vivirá".
Piense en esa situación por un momento. Aquí hay un hombre que en el campo político equivale al alcalde de la ciudad. Pero está tan decidido a llegar a Jesús que se abre paso a través de la muchedumbre y hace suficiente espacio para caer a los pies de Jesús. Él ha tomado una decisión y cuando llega a Jesús, dice exactamente lo que es: Pon las manos sobre ella y vivirá.
Permítame preguntarle algo: ¿Quién cree usted que está dirigiendo el ministerio de Jesús aquí? ¡Este hombre! Un hombre que ha tomado una decisión. Cuando él declara esa decisión, Jesús no dice nada. Él sólo deja lo que está haciendo, se vuelve y le sigue. En una multitud literalmente de miles, la decisión de fe de un hombre dirige las actividades de Jesús.
¿Qué significa eso para usted? Significa que si usted está sin hacer nada, esperando que Jesús decida sanarle, que decida ayudarle y que decida prosperarle y darle la victoria, usted va a estar esperando por mucho tiempo. Porque no es Jesús quien tiene que tomar la decisión, sino usted.
–(Marcos 5:22-24)
Me pregunto: ¿cuándo va Dios a hacer algo acerca de este problema? ¿Alguna vez se ha hecho usted esa pregunta? Si es así, se sorprenderá al descubrir que la respuesta depende cien por ciento de usted.
Hay un caso en Marcos 5 que le mostrará lo que quiero decir. Jesús acababa de bajar de una barca y la gente lo estaba apretando, "rodeándole". La gente le había hecho retroceder a la playa cuando, súbitamente, venía un hombre pasando en medio de esa multitud para llegar a Jesús.Marcos registra que el hombre se postra a los pies de Jesús y le ruega, diciendo: "Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella... y vivirá".
Piense en esa situación por un momento. Aquí hay un hombre que en el campo político equivale al alcalde de la ciudad. Pero está tan decidido a llegar a Jesús que se abre paso a través de la muchedumbre y hace suficiente espacio para caer a los pies de Jesús. Él ha tomado una decisión y cuando llega a Jesús, dice exactamente lo que es: Pon las manos sobre ella y vivirá.
Permítame preguntarle algo: ¿Quién cree usted que está dirigiendo el ministerio de Jesús aquí? ¡Este hombre! Un hombre que ha tomado una decisión. Cuando él declara esa decisión, Jesús no dice nada. Él sólo deja lo que está haciendo, se vuelve y le sigue. En una multitud literalmente de miles, la decisión de fe de un hombre dirige las actividades de Jesús.
¿Qué significa eso para usted? Significa que si usted está sin hacer nada, esperando que Jesús decida sanarle, que decida ayudarle y que decida prosperarle y darle la victoria, usted va a estar esperando por mucho tiempo. Porque no es Jesús quien tiene que tomar la decisión, sino usted.
viernes, agosto 03, 2007
Déjelas brotar
Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eternal.
–( Juan 4:14)
Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, humildad, templanza: son fuerzas poderosas que la Biblia llama el fruto del Espíritu. Son las cualidades de la naturaleza de Dios, y cuando el Espíritu Santo entró en nosotros, trajo esas cualidades consigo para impartirlas a nuestra vida. Son cualidades que tienen la particularidad de borbotear dentro de nosotros, de brotar como un manantial que constantemente nos protege y limpia de adentro hacia fuera.
¿Alguna vez ha notado que no se puede echar basura en una fuente de agua? El chorro de agua que brota con fuerza desde su interior la mantiene limpia y la protege de impurezas externas. De la misma manera trabaja la fuente espiritual dentro de usted. Cuando usted deja que el amor, el gozo, la paz, la benignidad y las otras fuerzas espirituales broten de su interior, el diablo no podrá echar su basura dentro de usted.
¿Qué hay que hacer para que el Espíritu esté fluyendo? Hay que llenar el corazón con la Palabra de Dios hasta que las fuerzas de vida eterna empiecen a borbotear. Un poco al principio, y después más fuerte y más alto. Decida mantener esas fuerzas brotando constantemente de la fuente de su corazón. No permita que el egoísmo y el pecado detengan la corriente. Dentro de usted hay un manantial imparable de fuerzas vivas, ¡déjelas brotar!
–( Juan 4:14)
Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, humildad, templanza: son fuerzas poderosas que la Biblia llama el fruto del Espíritu. Son las cualidades de la naturaleza de Dios, y cuando el Espíritu Santo entró en nosotros, trajo esas cualidades consigo para impartirlas a nuestra vida. Son cualidades que tienen la particularidad de borbotear dentro de nosotros, de brotar como un manantial que constantemente nos protege y limpia de adentro hacia fuera.
¿Alguna vez ha notado que no se puede echar basura en una fuente de agua? El chorro de agua que brota con fuerza desde su interior la mantiene limpia y la protege de impurezas externas. De la misma manera trabaja la fuente espiritual dentro de usted. Cuando usted deja que el amor, el gozo, la paz, la benignidad y las otras fuerzas espirituales broten de su interior, el diablo no podrá echar su basura dentro de usted.
¿Qué hay que hacer para que el Espíritu esté fluyendo? Hay que llenar el corazón con la Palabra de Dios hasta que las fuerzas de vida eterna empiecen a borbotear. Un poco al principio, y después más fuerte y más alto. Decida mantener esas fuerzas brotando constantemente de la fuente de su corazón. No permita que el egoísmo y el pecado detengan la corriente. Dentro de usted hay un manantial imparable de fuerzas vivas, ¡déjelas brotar!
jueves, agosto 02, 2007
Nuestra victoria
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.
–(Josué 1:9)
La confianza en Dios produce valor. El valor no es algo que la mente produce, sino que viene de creer en lo que Dios dice a pesar de las circunstancias. El valor viene de la fe.
¿De dónde viene el desaliento? Viene del temor y la incredulidad; viene cuando usted presta atención a las mentiras del diablo acerca de lo que Dios no va a hacer por usted.
Como hijos de Dios, debemos desechar el desaliento y armarnos de valor. Debemos dejar de fijarnos en nuestras habilidades, fallas y limitaciones y empezar a fijarnos en Dios. Debemos levantarnos en el nombre de Jesús y en el poder del Espíritu y establecer el reino de Dios en la tierra.
Si usted se ha sentido desanimado últimamente, deje de prestar atención a las mentiras de Satanás y a las malas noticias. Si alguien le dice que Dios no va a liberarlo, dígale que Él ya lo hizo en el nombre de Jesucristo.
Una vez que usted se dé cuenta de quién es y de lo que ha recibido por el poder de Dios, no le permitirá más al enemigo hacer lo que quiera con usted. Que usted se esfuerce y sea valiente no es una sugerencia, sino un mandato de Dios.
Ahora, que mas deseas que te diga, cuantas veces Dios te a hablado en estos dias, que necesitas para empezar a actuar, dices Dios ma ha hablado a traves de estas palabras, pero no has accionado, por ultimo hoy te dice:
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente. Alcanza la victoria en tu vida, pues ya yo te la he dado, solo falta que la creas.
–(Josué 1:9)
La confianza en Dios produce valor. El valor no es algo que la mente produce, sino que viene de creer en lo que Dios dice a pesar de las circunstancias. El valor viene de la fe.
¿De dónde viene el desaliento? Viene del temor y la incredulidad; viene cuando usted presta atención a las mentiras del diablo acerca de lo que Dios no va a hacer por usted.
Como hijos de Dios, debemos desechar el desaliento y armarnos de valor. Debemos dejar de fijarnos en nuestras habilidades, fallas y limitaciones y empezar a fijarnos en Dios. Debemos levantarnos en el nombre de Jesús y en el poder del Espíritu y establecer el reino de Dios en la tierra.
Si usted se ha sentido desanimado últimamente, deje de prestar atención a las mentiras de Satanás y a las malas noticias. Si alguien le dice que Dios no va a liberarlo, dígale que Él ya lo hizo en el nombre de Jesucristo.
Una vez que usted se dé cuenta de quién es y de lo que ha recibido por el poder de Dios, no le permitirá más al enemigo hacer lo que quiera con usted. Que usted se esfuerce y sea valiente no es una sugerencia, sino un mandato de Dios.
Ahora, que mas deseas que te diga, cuantas veces Dios te a hablado en estos dias, que necesitas para empezar a actuar, dices Dios ma ha hablado a traves de estas palabras, pero no has accionado, por ultimo hoy te dice:
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente. Alcanza la victoria en tu vida, pues ya yo te la he dado, solo falta que la creas.
miércoles, agosto 01, 2007
Active su bendición
Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
–(Romanos 10:10)
¿Necesita usted un milagro? Entonces, créalo, confiéselo y recíbalo.
"Pero, Gloria, yo no sé si pueda hacer eso".
Sí, ¡usted puede! Ya lo ha hecho. Cuando hizo a Jesucristo el Señor de su vida, usted creyó en el mayor milagro del universo, lo confesó y lo recibió: el milagro de un espíritu renacido. Cualquier otro milagro que usted reciba vendrá de la misma manera.
Se empieza por renovar la mente y el corazón creyendo lo que la Palabra de Dios dice en cuanto a la necesidad en particular que uno tenga. Muchos tratan de pasar por alto este paso. Tratan de creer que van a recibir su milagro pero no se toman el tiempo para que la Palabra transforme su mente y su corazón; solo quieren confesarlo con su boca y que aparezca al instante. Pero no será así, porque lo que uno cree con el corazón y confiesa con la boca es lo que recibirá.
Si usted aún no tiene suficiente fe para creer que recibirá el milagro que necesita, entonces no lo recibirá: "la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10:17). Así que, empiece a llenar los oídos de su corazón con la Palabra hasta que nazca la fe para su milagro. Eso fue lo que hizo la mujer con el flujo de sangre. Ella creyó en su corazón que Jesús la sanaría, luego lo confesó en voz alta con la boca y después actúo sobre esa fe, y recibió su milagro.
Jesús no fue quien tomó la decisión. Él no dijo: "Creo que hoy haré un milagro en la vida de esa pobre mujer". Ella fue la que lo hizo realidad al conectar su fe al poder de Dios. Por eso Jesús le dijo: "... hija; tu fe te ha salvado" (Mateo 9:22).
Usted tiene la misma oportunidad hoy en día. El poder de Dios está presente en todo lugar. Su fe conectará ese poder a su vida, a su cuerpo o a sus circunstancias. Así que, busque al Señor Jesucristo, y crea, confiese y reciba su milagro hoy.
–(Romanos 10:10)
¿Necesita usted un milagro? Entonces, créalo, confiéselo y recíbalo.
"Pero, Gloria, yo no sé si pueda hacer eso".
Sí, ¡usted puede! Ya lo ha hecho. Cuando hizo a Jesucristo el Señor de su vida, usted creyó en el mayor milagro del universo, lo confesó y lo recibió: el milagro de un espíritu renacido. Cualquier otro milagro que usted reciba vendrá de la misma manera.
Se empieza por renovar la mente y el corazón creyendo lo que la Palabra de Dios dice en cuanto a la necesidad en particular que uno tenga. Muchos tratan de pasar por alto este paso. Tratan de creer que van a recibir su milagro pero no se toman el tiempo para que la Palabra transforme su mente y su corazón; solo quieren confesarlo con su boca y que aparezca al instante. Pero no será así, porque lo que uno cree con el corazón y confiesa con la boca es lo que recibirá.
Si usted aún no tiene suficiente fe para creer que recibirá el milagro que necesita, entonces no lo recibirá: "la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10:17). Así que, empiece a llenar los oídos de su corazón con la Palabra hasta que nazca la fe para su milagro. Eso fue lo que hizo la mujer con el flujo de sangre. Ella creyó en su corazón que Jesús la sanaría, luego lo confesó en voz alta con la boca y después actúo sobre esa fe, y recibió su milagro.
Jesús no fue quien tomó la decisión. Él no dijo: "Creo que hoy haré un milagro en la vida de esa pobre mujer". Ella fue la que lo hizo realidad al conectar su fe al poder de Dios. Por eso Jesús le dijo: "... hija; tu fe te ha salvado" (Mateo 9:22).
Usted tiene la misma oportunidad hoy en día. El poder de Dios está presente en todo lugar. Su fe conectará ese poder a su vida, a su cuerpo o a sus circunstancias. Así que, busque al Señor Jesucristo, y crea, confiese y reciba su milagro hoy.
martes, julio 31, 2007
Tome el control de esa situacion
Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia.
–(Isaías 55:7a)
Usted no puede obtener la victoria mientras el problema sea lo más importante de su vida. En Mateo 6:24-25:
"No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas. Por eso les digo: No se preocupen por su vida".
Yo había leído esos versículos centenares de veces, pero ese día vi algo que no había notado nunca antes. Vi eso inmediatamente después de que Jesús dijera: "Nadie puede servir a dos señores", dijo: "No se preocupen". De repente me iluminó. ¡Nosotros le servimos a nuestros pensamientos!
Por eso, Isaías 55 nos dice que dejemos nuestros pensamientos, y por la Palabra tomemos los pensamientos de Dios. Segunda de Corintios 10:5 nos dice que derribemos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevemos cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.
¿Quiere usted liberación de sus problemas hoy?
¡Entonces deje de servirles! No les permita que consuman su vida. No espere hasta que las circunstancias cambien para hacerlo. En lugar de eso, comprenda que las circunstancias no cambiarán jamás hasta que usted cambie los pensamientos equivocados por los pensamientos correctos.
Sé que eso no es fácil de hacer, especialmente en medio de las pruebas y de las densas tinieblas. Pero usted puede si hace estas tres cosas:
Primero, recuerde que no está solo. Usted tiene la Palabra (los pensamientos de Dios). Tiene el Espíritu Santo que le fortalece y tiene la mente de Cristo.
Segundo, acérquese a personas que estén llenas de fe. En vez de repasar su problema, deje que ellos hablen. Dispóngase a escuchar. Únase a la fe de ellos y resista las tinieblas.
Tercero, alabe a Dios. Haga lo que sea necesario para alabar. ¡Cuándo comience a alabar, la presencia de Dios rechazará esos pensamientos de preocupación y los hará caer!
Sus problemas no son lo más importante en su vida. Jesús lo es. ¡Sírvale con sus pensamientos y Él le hará libre!
–(Isaías 55:7a)
Usted no puede obtener la victoria mientras el problema sea lo más importante de su vida. En Mateo 6:24-25:
"No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas. Por eso les digo: No se preocupen por su vida".
Yo había leído esos versículos centenares de veces, pero ese día vi algo que no había notado nunca antes. Vi eso inmediatamente después de que Jesús dijera: "Nadie puede servir a dos señores", dijo: "No se preocupen". De repente me iluminó. ¡Nosotros le servimos a nuestros pensamientos!
Por eso, Isaías 55 nos dice que dejemos nuestros pensamientos, y por la Palabra tomemos los pensamientos de Dios. Segunda de Corintios 10:5 nos dice que derribemos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevemos cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.
¿Quiere usted liberación de sus problemas hoy?
¡Entonces deje de servirles! No les permita que consuman su vida. No espere hasta que las circunstancias cambien para hacerlo. En lugar de eso, comprenda que las circunstancias no cambiarán jamás hasta que usted cambie los pensamientos equivocados por los pensamientos correctos.
Sé que eso no es fácil de hacer, especialmente en medio de las pruebas y de las densas tinieblas. Pero usted puede si hace estas tres cosas:
Primero, recuerde que no está solo. Usted tiene la Palabra (los pensamientos de Dios). Tiene el Espíritu Santo que le fortalece y tiene la mente de Cristo.
Segundo, acérquese a personas que estén llenas de fe. En vez de repasar su problema, deje que ellos hablen. Dispóngase a escuchar. Únase a la fe de ellos y resista las tinieblas.
Tercero, alabe a Dios. Haga lo que sea necesario para alabar. ¡Cuándo comience a alabar, la presencia de Dios rechazará esos pensamientos de preocupación y los hará caer!
Sus problemas no son lo más importante en su vida. Jesús lo es. ¡Sírvale con sus pensamientos y Él le hará libre!
lunes, julio 30, 2007
usted no caerá jamás
Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.
–(2 Pedro 1:10)
"No caeréis jamás". Cuando piensa en eso, esa es una declaración sorprendente, ¿no es verdad? Él enemigo nos ha hecho tropezar tantas veces a la mayoría de nosotros que no nos gusta ni pensar en eso.
Pero la Palabra de Dios dice que no tiene que ser de esa manera. Dios dice que hay algo que nos puede mantener firmes. ¿Qué es? Afirmar nuestra vocación y elección.
Si no se ha afirmado, necesita comprender cuán importante es. Necesita enfrentar el hecho de que no puede vivir una vida de victoria sin afirmar su vocación.
Usted no puede permanecer fuerte en la Palabra de Dios sin tomar su Biblia durante la semana. Hacerlo sólo el domingo por la mañana no va a surtir ningún efecto. Sin embargo, la mayoría de los creyentes tratan de subsistir con eso. Precisamente por eso tenemos miles de iglesias por todo el mundo llenas de gente nacida de nuevo que no tienen suficiente fe ni para matar un mosquito. No se han afirmado.
Recuerdo hace que hace un tiempo, un pastor me conto, que una vez hace varios años cuando ministraba a una dama que fue sanada de cáncer. Ella se había empapado de la Palabra, había tomado una postura de fe, y había sido liberada. Pero varios años después, le lamó y le dijo: "Hermano, me gustaría que orara por mí. Él cáncer ha vuelto otra vez".
Ahí mismo recordò el versículo que el Señor le había dado para prevalecer en años atrás: "Ninguna arma forjada contra ti prosperará". Por lo tanto le dijo: "Traiga su Biblia y vamos a Isaías 54:17". Al fondo podía oírla susurrándole a otra persona en la habitación: "¿Dónde está mi Biblia?" Cuando escuchò eso, casi llorò. Sabía que ella no lo iba lograr. ¿Por qué? No había procurado afirmarse.
Escuche, esto es un asunto diario. Él enemigo ronda las 24 horas del día maquinando maneras para hacernos caer. Jesús está en el trono 24 horas al día dándonos poder para resistir al enemigo, y nosotros necesitamos estar ejercitando nuestra fe todo el tiempo.
Si quiere perseverar en los días venideros, va a necesitar más que la fe de la Escuela Dominical. Va a necesitar fe madura, que mueva montes, y sólo hay una manera de adquirirla: dedicarse a la Palabra con más firmeza de lo que lo ha hecho.
Sea pronto para hacer firme su vocación y elección; y no importa lo resbalosa que se ponga la situación, ¡usted no caerá jamás!
–(2 Pedro 1:10)
"No caeréis jamás". Cuando piensa en eso, esa es una declaración sorprendente, ¿no es verdad? Él enemigo nos ha hecho tropezar tantas veces a la mayoría de nosotros que no nos gusta ni pensar en eso.
Pero la Palabra de Dios dice que no tiene que ser de esa manera. Dios dice que hay algo que nos puede mantener firmes. ¿Qué es? Afirmar nuestra vocación y elección.
Si no se ha afirmado, necesita comprender cuán importante es. Necesita enfrentar el hecho de que no puede vivir una vida de victoria sin afirmar su vocación.
Usted no puede permanecer fuerte en la Palabra de Dios sin tomar su Biblia durante la semana. Hacerlo sólo el domingo por la mañana no va a surtir ningún efecto. Sin embargo, la mayoría de los creyentes tratan de subsistir con eso. Precisamente por eso tenemos miles de iglesias por todo el mundo llenas de gente nacida de nuevo que no tienen suficiente fe ni para matar un mosquito. No se han afirmado.
Recuerdo hace que hace un tiempo, un pastor me conto, que una vez hace varios años cuando ministraba a una dama que fue sanada de cáncer. Ella se había empapado de la Palabra, había tomado una postura de fe, y había sido liberada. Pero varios años después, le lamó y le dijo: "Hermano, me gustaría que orara por mí. Él cáncer ha vuelto otra vez".
Ahí mismo recordò el versículo que el Señor le había dado para prevalecer en años atrás: "Ninguna arma forjada contra ti prosperará". Por lo tanto le dijo: "Traiga su Biblia y vamos a Isaías 54:17". Al fondo podía oírla susurrándole a otra persona en la habitación: "¿Dónde está mi Biblia?" Cuando escuchò eso, casi llorò. Sabía que ella no lo iba lograr. ¿Por qué? No había procurado afirmarse.
Escuche, esto es un asunto diario. Él enemigo ronda las 24 horas del día maquinando maneras para hacernos caer. Jesús está en el trono 24 horas al día dándonos poder para resistir al enemigo, y nosotros necesitamos estar ejercitando nuestra fe todo el tiempo.
Si quiere perseverar en los días venideros, va a necesitar más que la fe de la Escuela Dominical. Va a necesitar fe madura, que mueva montes, y sólo hay una manera de adquirirla: dedicarse a la Palabra con más firmeza de lo que lo ha hecho.
Sea pronto para hacer firme su vocación y elección; y no importa lo resbalosa que se ponga la situación, ¡usted no caerá jamás!
viernes, julio 27, 2007
Dejando la vana manera de vivir
Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré.
–(2 Corintios 6:17)
Estamos rodeados por un mundo que es gobernado en su mayor parte por el enemigo. ¿Cómo podemos evitar ser atrapados en él? ¿Cómo podemos ser diferentes?
Encontrará la respuesta en Juan 17:17. Allí Jesús hablaba al Padre de todos los que creerían en Él. "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es la verdad," dijo Él. Santificar significa "separar". Por lo tanto, Jesús estaba diciendo: "Sepáralos por la Palabra". ¡La Palabra separa!
Cuando usted creyó al principio en la Palabra de Dios, nació de nuevo. Fue separado espiritualmente del reino de las tinieblas, separado para el reino de luz. En este punto es donde mucha gente se detiene. Ellos dejan que la Palabra de Dios haga su obra inicial de separación y luego continúan viviendo como todos los demás.
Espiritualmente, aún están separados de la muerte, pero física y mentalmente están hasta el cuello en eso. Están pobres, enfermos, preocupados, confundidos, enojados? En otras palabras, son como los demás del mundo.
Pero si usted le da a la Palabra de Dios el primer lugar en su vida, ella continuará separándole de la pobreza, la ansiedad, la enfermedad, el odio y la oscuridad de su viejo ambiente.
Hay algo más que la Palabra de Dios también hará por usted. No sólo lo separará de las cosas de este mundo, lo separará para las cosas de Dios.
Usted no puede separarse de cualquier vicio sin separarse para algo más. No puede apartarse de las cosas del mundo a menos que se vuelva a algo más fuerte. Quiero que sepa que usted puede gritar, chillar y patear la banca del altar y todo lo demás tratando de deshacerse del pecado en su vida. Puede gritar: "Amado Dios, quita este pecado de mí". Pero todos los ruegos del mundo no le separarán a usted de su pecado. ¡La Palabra es la que lo hace!
Tome la decisión de darle a la Palabra el primer lugar en su vida. Tome una decisión decisiva, una decisión de la cual no haya retirada. Enciérrese en la Palabra y deje que la Palabra haga su obra. Deje que le separe de las cosas del mundo para las cosas de Dios.
–(2 Corintios 6:17)
Estamos rodeados por un mundo que es gobernado en su mayor parte por el enemigo. ¿Cómo podemos evitar ser atrapados en él? ¿Cómo podemos ser diferentes?
Encontrará la respuesta en Juan 17:17. Allí Jesús hablaba al Padre de todos los que creerían en Él. "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es la verdad," dijo Él. Santificar significa "separar". Por lo tanto, Jesús estaba diciendo: "Sepáralos por la Palabra". ¡La Palabra separa!
Cuando usted creyó al principio en la Palabra de Dios, nació de nuevo. Fue separado espiritualmente del reino de las tinieblas, separado para el reino de luz. En este punto es donde mucha gente se detiene. Ellos dejan que la Palabra de Dios haga su obra inicial de separación y luego continúan viviendo como todos los demás.
Espiritualmente, aún están separados de la muerte, pero física y mentalmente están hasta el cuello en eso. Están pobres, enfermos, preocupados, confundidos, enojados? En otras palabras, son como los demás del mundo.
Pero si usted le da a la Palabra de Dios el primer lugar en su vida, ella continuará separándole de la pobreza, la ansiedad, la enfermedad, el odio y la oscuridad de su viejo ambiente.
Hay algo más que la Palabra de Dios también hará por usted. No sólo lo separará de las cosas de este mundo, lo separará para las cosas de Dios.
Usted no puede separarse de cualquier vicio sin separarse para algo más. No puede apartarse de las cosas del mundo a menos que se vuelva a algo más fuerte. Quiero que sepa que usted puede gritar, chillar y patear la banca del altar y todo lo demás tratando de deshacerse del pecado en su vida. Puede gritar: "Amado Dios, quita este pecado de mí". Pero todos los ruegos del mundo no le separarán a usted de su pecado. ¡La Palabra es la que lo hace!
Tome la decisión de darle a la Palabra el primer lugar en su vida. Tome una decisión decisiva, una decisión de la cual no haya retirada. Enciérrese en la Palabra y deje que la Palabra haga su obra. Deje que le separe de las cosas del mundo para las cosas de Dios.
jueves, julio 26, 2007
¿Que puedo hacer?
Jeremías 33:3: “Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”
En una ocasión un leyó acerca de unos niños en una clase de escuela dominical que le escribieron una carta a un misionero para hacerle saber que estaban orando por él.
El maestro de la clase les informó: “Niños, el misionero es una persona bastante ocupada, así que no esperen que les conteste.”
La carta de una niñita leía así: “Querido hermano Brown: Estamos orando por usted, no esperamos una respuesta.”
Tristemente, ¡así es como oramos! En realidad, no esperamos una respuesta. Mas Dios ha prometido que nos contestará si clamamos a Él. Salmos 91:15 dice: “Me invocará, y Yo le responderé; con él estaré Yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré.”
¿Por qué está orando hoy?
¿Cree que Dios le puede contestar?
¿Cree que le contestará?
Agradézcale ahora por contestarle, por que el es nuestro pronto auxilio.
En una ocasión un leyó acerca de unos niños en una clase de escuela dominical que le escribieron una carta a un misionero para hacerle saber que estaban orando por él.
El maestro de la clase les informó: “Niños, el misionero es una persona bastante ocupada, así que no esperen que les conteste.”
La carta de una niñita leía así: “Querido hermano Brown: Estamos orando por usted, no esperamos una respuesta.”
Tristemente, ¡así es como oramos! En realidad, no esperamos una respuesta. Mas Dios ha prometido que nos contestará si clamamos a Él. Salmos 91:15 dice: “Me invocará, y Yo le responderé; con él estaré Yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré.”
¿Por qué está orando hoy?
¿Cree que Dios le puede contestar?
¿Cree que le contestará?
Agradézcale ahora por contestarle, por que el es nuestro pronto auxilio.
miércoles, julio 25, 2007
No deje que su fe se deslice.
Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.
–(Hebreos 2:1)
Algo muy serio le ha estado sucediendo al Cuerpo de Cristo. A menudo hemos dejado que lo que hemos oído, el mensaje de fe y justicia, se deslice.
No hablo solamente de aquellos creyentes que han estado tan rodeados de religión que nunca han oído del poder que tienen en Cristo Jesús. Hablo de los que hemos oído la Palabra y hemos conocido la emoción de vivir por fe.
Por ejemplo, en mi propia vida, había veces cuando oraba por sanidad. Decía todas las palabras correctas: "Gracias Dios, creo que recibo..." y todo eso. Pero por dentro estaba pensando: "¿Por qué será qué Dios no me sana?"
Aunque decía que creía que era sano, en realidad no era así. Había dudado de la promesa de Dios, creyendo lo que mi cuerpo decía en lugar de lo que decía la Palabra de Dios.
No importa cuánto tiempo lleve como creyente o por cuánto tiempo haya estado practican¬do los principios de fe, usted puede deslizarse fácilmente a la incredulidad en cuanto a las promesas de Dios. Y cuando lo haga, le va a costar caro.
"Pero si deslizarse en la incredulidad es tan fácil "quizá diga usted-, ¿cómo podemos evitarlo?"
Hebreos 4:11 nos dice: "Esforcémonos pues, por entrar en ese reposo, para que nadie caiga al seguir aquel ejemplo de desobediencia".
Nosotros debemos laborar. No estoy hablando de trabajar con nuestras manos y nuestros pies o de luchar para conseguir que Dios haga algo, sino de pasar tiempo en la Palabra de Dios, aferrándonos por la fe a las promesas de Dios día tras día. Debemos laborar al escuchar la Palabra y no permitir que se deslice.
No se despreocupe de la Palabra. No cometa el error de pensar: "Yo sé todo ese asunto de la fe. Sé cómo recibir mi sanidad". No afloje, o uno de estos días el diablo le tomará desprevenido y le robará sin que se dé cuenta. En lugar de eso, profundice más en la Palabra de Dios. ¡Labore! Sea diligente para evitar que su fe se deslice, ¡y usted no caerá!
–(Hebreos 2:1)
Algo muy serio le ha estado sucediendo al Cuerpo de Cristo. A menudo hemos dejado que lo que hemos oído, el mensaje de fe y justicia, se deslice.
No hablo solamente de aquellos creyentes que han estado tan rodeados de religión que nunca han oído del poder que tienen en Cristo Jesús. Hablo de los que hemos oído la Palabra y hemos conocido la emoción de vivir por fe.
Por ejemplo, en mi propia vida, había veces cuando oraba por sanidad. Decía todas las palabras correctas: "Gracias Dios, creo que recibo..." y todo eso. Pero por dentro estaba pensando: "¿Por qué será qué Dios no me sana?"
Aunque decía que creía que era sano, en realidad no era así. Había dudado de la promesa de Dios, creyendo lo que mi cuerpo decía en lugar de lo que decía la Palabra de Dios.
No importa cuánto tiempo lleve como creyente o por cuánto tiempo haya estado practican¬do los principios de fe, usted puede deslizarse fácilmente a la incredulidad en cuanto a las promesas de Dios. Y cuando lo haga, le va a costar caro.
"Pero si deslizarse en la incredulidad es tan fácil "quizá diga usted-, ¿cómo podemos evitarlo?"
Hebreos 4:11 nos dice: "Esforcémonos pues, por entrar en ese reposo, para que nadie caiga al seguir aquel ejemplo de desobediencia".
Nosotros debemos laborar. No estoy hablando de trabajar con nuestras manos y nuestros pies o de luchar para conseguir que Dios haga algo, sino de pasar tiempo en la Palabra de Dios, aferrándonos por la fe a las promesas de Dios día tras día. Debemos laborar al escuchar la Palabra y no permitir que se deslice.
No se despreocupe de la Palabra. No cometa el error de pensar: "Yo sé todo ese asunto de la fe. Sé cómo recibir mi sanidad". No afloje, o uno de estos días el diablo le tomará desprevenido y le robará sin que se dé cuenta. En lugar de eso, profundice más en la Palabra de Dios. ¡Labore! Sea diligente para evitar que su fe se deslice, ¡y usted no caerá!
martes, julio 24, 2007
No deje que el pasado lo destruya
Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago; olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
–(Filipenses 3:13-14)
Golpes y contusiones espirituales. Dolores y sufrimientos internos que parecen no irse. Casi todos nosotros sabemos lo que son, pero pocos sabemos qué hacer al respecto.
Esperamos que por arte de magia esas heridas ocultas dejen de lastimarnos, pensando que quizás (al dormirnos o con una porción adicional de postre) esa fastidioso sentimiento de depresión finalmente desaparezca.
¿Pero sucede siempre de esa manera? ¡No!
Lo sé. A mí me ha ocurrido.
Pero gracias a Dios, ya no me ocurre. Durante los últimos años, he enfrentado algunas tremendas batallas espirituales. Me he dado cuenta de que esas batallas pueden dejarlo a uno herido en el interior, así como una pelea puede dejarlo herido en el exterior.
Antes de que naciera de nuevo, aprendí lo devastador que puede ser una verdadera pelea física. No obstante, a pesar de lo mal que me sintiera, unos pocos días de descanso me hacían bien.
Sin embargo, la sanidad de un espíritu herido no viene así de fácil. En realidad, el paso del tiempo con frecuencia empeora esta condición.
La razón es esta: En vez de dejar los dolorosos fracasos atrás, con frecuencia hacemos énfasis en ellos hasta que llegan a ser más verdaderos para nosotros que las promesas de Dios. Nos enfocamos en ellos hasta que llegamos a estar sumergidos en la depresión, inactivos por el temor de que si proseguimos, volveremos a fracasar.
Pero hay una salida. Si la depresión lo lleva en descenso espiritual, lo único que tiene que hacer para escapar es quitar los ojos del pasado y ponerlos en el futuro, un futuro que ha sido garantizado por Cristo Jesús mediante las abundantes y preciosas promesas de su Palabra.
Hay posibilidades de que al principio no vengan fácilmente para usted. Su mente ha tenido probablemente años de práctica en concentrarse en el pasado. Como un caballo viejo que habitualmente se dirige al establo, sus pensamientos comenzarán probablemente a galopar en esa dirección cada vez que usted le suelte la rienda.
Por lo tanto, no lo afloje. Tome las riendas fuertemente. Medite a propósito en la Palabra de Dios. Reemplace los pensamientos del pasado con promesas de las Escrituras acerca del futuro y sea diligente al respecto. Entonces, en vez de ser un soldado herido, llegará a ser el guerrero conquistador que Dios creó.
–(Filipenses 3:13-14)
Golpes y contusiones espirituales. Dolores y sufrimientos internos que parecen no irse. Casi todos nosotros sabemos lo que son, pero pocos sabemos qué hacer al respecto.
Esperamos que por arte de magia esas heridas ocultas dejen de lastimarnos, pensando que quizás (al dormirnos o con una porción adicional de postre) esa fastidioso sentimiento de depresión finalmente desaparezca.
¿Pero sucede siempre de esa manera? ¡No!
Lo sé. A mí me ha ocurrido.
Pero gracias a Dios, ya no me ocurre. Durante los últimos años, he enfrentado algunas tremendas batallas espirituales. Me he dado cuenta de que esas batallas pueden dejarlo a uno herido en el interior, así como una pelea puede dejarlo herido en el exterior.
Antes de que naciera de nuevo, aprendí lo devastador que puede ser una verdadera pelea física. No obstante, a pesar de lo mal que me sintiera, unos pocos días de descanso me hacían bien.
Sin embargo, la sanidad de un espíritu herido no viene así de fácil. En realidad, el paso del tiempo con frecuencia empeora esta condición.
La razón es esta: En vez de dejar los dolorosos fracasos atrás, con frecuencia hacemos énfasis en ellos hasta que llegan a ser más verdaderos para nosotros que las promesas de Dios. Nos enfocamos en ellos hasta que llegamos a estar sumergidos en la depresión, inactivos por el temor de que si proseguimos, volveremos a fracasar.
Pero hay una salida. Si la depresión lo lleva en descenso espiritual, lo único que tiene que hacer para escapar es quitar los ojos del pasado y ponerlos en el futuro, un futuro que ha sido garantizado por Cristo Jesús mediante las abundantes y preciosas promesas de su Palabra.
Hay posibilidades de que al principio no vengan fácilmente para usted. Su mente ha tenido probablemente años de práctica en concentrarse en el pasado. Como un caballo viejo que habitualmente se dirige al establo, sus pensamientos comenzarán probablemente a galopar en esa dirección cada vez que usted le suelte la rienda.
Por lo tanto, no lo afloje. Tome las riendas fuertemente. Medite a propósito en la Palabra de Dios. Reemplace los pensamientos del pasado con promesas de las Escrituras acerca del futuro y sea diligente al respecto. Entonces, en vez de ser un soldado herido, llegará a ser el guerrero conquistador que Dios creó.
lunes, julio 23, 2007
Por su Gracia
Gracia es la bondad y la misericordia de Dios extendidas a quienes no la merecen ni pueden ganarla, y cuyos beneficios están al alcance de todos.
Dios hace que nuestro corazón palpite, que nuestros cuerpos se sanen y que podamos dar y recibir amor sin importar lo que la gente piense de Él. El Señor ofrece perdón al rebelde, libertad al pecador e intimidad con Él a todos los que ponen su fe en Cristo como Salvador. Por medio de Jesús, Dios ofrece acceso al trono de la gracia (He. 4:16), donde el Salvador sirve como sumo sacerdote, intercediendo por los suyos (He. 7:25). Sabemos que podemos acercarnos confiadamente a Dios, porque no hay ninguna condenación para quienes pertenecen a Él (Ro. 8:1).
Pero no siempre fue así. Israel, el pueblo escogido por Dios, vivía bajo la Ley, no bajo la gracia. Eran un pueblo desobediente; y Dios, por su misericordia, estableció el sistema de sacrificios para darles, simbólicamente, la manera de recibir el perdón de sus pecados. Sin embargo, Jesús nos da un perdón permanente, porque Él murió una sola vez por todos los pecados (He. 7:27). Era humanamente imposible obedecer cada aspecto de todos los 613 mandamientos que Dios entregó a Moisés, pero Jesús cumplió la Ley por nosotros. Podemos, entonces, acercarnos al trono de Dios directamente, porque nuestro Salvador dio Su vida por nosotros.
Como creyentes, nuestro fundamento inconmovible es la gracia de Dios, que está sobre nosotros como un toldo que nos recubre como un muro protector. Cuando esta verdad penetra nuestras mentes y nuestros corazones, nos convertimos en expresiones del amor, la misericordia y la bondad de Dios para los demás.
Dios hace que nuestro corazón palpite, que nuestros cuerpos se sanen y que podamos dar y recibir amor sin importar lo que la gente piense de Él. El Señor ofrece perdón al rebelde, libertad al pecador e intimidad con Él a todos los que ponen su fe en Cristo como Salvador. Por medio de Jesús, Dios ofrece acceso al trono de la gracia (He. 4:16), donde el Salvador sirve como sumo sacerdote, intercediendo por los suyos (He. 7:25). Sabemos que podemos acercarnos confiadamente a Dios, porque no hay ninguna condenación para quienes pertenecen a Él (Ro. 8:1).
Pero no siempre fue así. Israel, el pueblo escogido por Dios, vivía bajo la Ley, no bajo la gracia. Eran un pueblo desobediente; y Dios, por su misericordia, estableció el sistema de sacrificios para darles, simbólicamente, la manera de recibir el perdón de sus pecados. Sin embargo, Jesús nos da un perdón permanente, porque Él murió una sola vez por todos los pecados (He. 7:27). Era humanamente imposible obedecer cada aspecto de todos los 613 mandamientos que Dios entregó a Moisés, pero Jesús cumplió la Ley por nosotros. Podemos, entonces, acercarnos al trono de Dios directamente, porque nuestro Salvador dio Su vida por nosotros.
Como creyentes, nuestro fundamento inconmovible es la gracia de Dios, que está sobre nosotros como un toldo que nos recubre como un muro protector. Cuando esta verdad penetra nuestras mentes y nuestros corazones, nos convertimos en expresiones del amor, la misericordia y la bondad de Dios para los demás.
jueves, julio 19, 2007
UNA BUENA ACTITUD
¿Que es una actitud?
Es una muestra de nuestro verdadero ser. Sus raíces están ocultas pero su fruto siempre es visible. Su actitud puede ser su mejor amiga o su pero enemiga.
Nuestra actitud nunca estará conforme a menos que se exprese. Determina nuestro éxito o nuestro fracaso. Y no depende de la circunstancias de la vida.
Como nuestra manera de hablar refleja nuestra actitud, debemos hacer de nuestra actitud, nuestra mejor amiga, como,
Deje de decir
• No puedo
• Es imposible que mi matrimonio mejore
• No conozco la gente adecuada
• Ya estoy viejo
Empiece a decir
• Todo lo puedo en Cristo
• Lo que imposible para el hombre, es posible para Dios
Conozco al padre, hijo y espíritu santo, conozco la gente adecuada, que me ayudara a relacionarme con los que suman, y me permitirá dar a los que necesitan.
• En Cristo no tengo edad, sino su poder, autoridad y gloria.
Tres cosas ¿esta herido? Sobrepóngase, ¿ ha sido criticado injustamente? Sobrepóngase, ¿ha sido rechazado? Sobrepóngase.
La adversidad es la oportunidad que tenemos para mejorar nuestra vida, nuestra actitud hacia la adversidad determinara si progresamos o nos destruimos.
Déjese de dar paso a lo negativo, y viva la vida, la cual en Jesús es en abundancia.
Es una muestra de nuestro verdadero ser. Sus raíces están ocultas pero su fruto siempre es visible. Su actitud puede ser su mejor amiga o su pero enemiga.
Nuestra actitud nunca estará conforme a menos que se exprese. Determina nuestro éxito o nuestro fracaso. Y no depende de la circunstancias de la vida.
Como nuestra manera de hablar refleja nuestra actitud, debemos hacer de nuestra actitud, nuestra mejor amiga, como,
Deje de decir
• No puedo
• Es imposible que mi matrimonio mejore
• No conozco la gente adecuada
• Ya estoy viejo
Empiece a decir
• Todo lo puedo en Cristo
• Lo que imposible para el hombre, es posible para Dios
Conozco al padre, hijo y espíritu santo, conozco la gente adecuada, que me ayudara a relacionarme con los que suman, y me permitirá dar a los que necesitan.
• En Cristo no tengo edad, sino su poder, autoridad y gloria.
Tres cosas ¿esta herido? Sobrepóngase, ¿ ha sido criticado injustamente? Sobrepóngase, ¿ha sido rechazado? Sobrepóngase.
La adversidad es la oportunidad que tenemos para mejorar nuestra vida, nuestra actitud hacia la adversidad determinara si progresamos o nos destruimos.
Déjese de dar paso a lo negativo, y viva la vida, la cual en Jesús es en abundancia.
miércoles, julio 18, 2007
NO ESCUCHES MAS MENTIRAS DEL ENEMIGO
Primera Juan 4:4: “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.”
¡Aquel que creó el valle está allí con usted! Él ha preparado el camino a través del valle. No es un lugar de permanencia, sino transitorio.
Él conoce toda curva y esquina, toda sombra cambiante, toda fosa donde el peligro acecha, y ¡Él está con usted! Enfóquese en la luz y no en las tinieblas.
Dios le ha hecho para que camine a través de sombras. Cuando la oscuridad se le aproxime, atraviésela. ¡Aquél mayor que la muerte está en usted! Él es nuestro Jehová: el Señor siempre presente.
Su gracia es más grande. Su paz es más pura. Su devoción es la más querida. Donde Satanás lanza tinieblas, nuestro Señor Soberano reina en supremacía.
Este es un día de esperanza. Medite en 1 Juan 4:4 a lo largo de este día y pídale a Dios que ponga a alguien en su camino a quien le pueda compartir de su amada verdad.
¡Aquel que creó el valle está allí con usted! Él ha preparado el camino a través del valle. No es un lugar de permanencia, sino transitorio.
Él conoce toda curva y esquina, toda sombra cambiante, toda fosa donde el peligro acecha, y ¡Él está con usted! Enfóquese en la luz y no en las tinieblas.
Dios le ha hecho para que camine a través de sombras. Cuando la oscuridad se le aproxime, atraviésela. ¡Aquél mayor que la muerte está en usted! Él es nuestro Jehová: el Señor siempre presente.
Su gracia es más grande. Su paz es más pura. Su devoción es la más querida. Donde Satanás lanza tinieblas, nuestro Señor Soberano reina en supremacía.
Este es un día de esperanza. Medite en 1 Juan 4:4 a lo largo de este día y pídale a Dios que ponga a alguien en su camino a quien le pueda compartir de su amada verdad.
martes, julio 17, 2007
Esperar en él
Esperar en el Señor suena fácil. Después de todo, sólo tenemos que esperar Su respuesta, ¿no?
La verdad es que los creyentes que quieren desesperadamente ver satisfecha una necesidad, a menudo encuentran que el proceso es casi insostenible. La próxima vez que Dios le diga que espere, recuerde estos cuatro requisitos hasta que Él diga: “Ahora, sigue adelante”.
Los creyentes deben tener fe, aun sin saber cuándo o cómo resolverá Dios una situación. Pero la fe no puede funcionar sin humildad. Debemos reconocer que no hay nada que podamos hacer, excepto hacer una pausa hasta que recibamos más instrucciones. Los creyentes están mucho más seguros en esta voluntaria condición de incapacidad, que tratando de resolver la solución por sí mismos. Tan pronto como comenzamos a manipular nuestras circunstancias, trastornamos el plan del Señor.
En el momento en que entendemos que pudiéramos ahorrarnos dolor o estrés por medio de una acción que no sea de Dios, necesitamos de una condición no innata, la paciencia. Es la decisión de mantenernos tranquilos y calmados en una situación difícil.
Sin embargo, nunca decidiremos ser pacientes, a menos que tengamos valor. Los amigos ofrecerán darnos consejos, pero debemos esperar confiadamente cuando los demás digan que llegó el momento de hacer algo. El temor a la crítica es a menudo el catalizador que hace que los creyentes se salgan de la voluntad de Dios.
Orar cuando sentimos que deberíamos estar haciendo algo, es difícil. Pero debemos estar listos para mantenernos fieles, humildes, pacientes y valerosos cuando Dios nos diga: “Espera”.
La verdad es que los creyentes que quieren desesperadamente ver satisfecha una necesidad, a menudo encuentran que el proceso es casi insostenible. La próxima vez que Dios le diga que espere, recuerde estos cuatro requisitos hasta que Él diga: “Ahora, sigue adelante”.
Los creyentes deben tener fe, aun sin saber cuándo o cómo resolverá Dios una situación. Pero la fe no puede funcionar sin humildad. Debemos reconocer que no hay nada que podamos hacer, excepto hacer una pausa hasta que recibamos más instrucciones. Los creyentes están mucho más seguros en esta voluntaria condición de incapacidad, que tratando de resolver la solución por sí mismos. Tan pronto como comenzamos a manipular nuestras circunstancias, trastornamos el plan del Señor.
En el momento en que entendemos que pudiéramos ahorrarnos dolor o estrés por medio de una acción que no sea de Dios, necesitamos de una condición no innata, la paciencia. Es la decisión de mantenernos tranquilos y calmados en una situación difícil.
Sin embargo, nunca decidiremos ser pacientes, a menos que tengamos valor. Los amigos ofrecerán darnos consejos, pero debemos esperar confiadamente cuando los demás digan que llegó el momento de hacer algo. El temor a la crítica es a menudo el catalizador que hace que los creyentes se salgan de la voluntad de Dios.
Orar cuando sentimos que deberíamos estar haciendo algo, es difícil. Pero debemos estar listos para mantenernos fieles, humildes, pacientes y valerosos cuando Dios nos diga: “Espera”.
lunes, julio 16, 2007
Sin salida, este dispuesto a recibir dirección
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.
–(Juan 16:13)
Jesús dijo que el Espíritu Santo nos guiaría a toda la verdad. No tan sólo la verdad que sea suficiente para subsistir ni la verdad ocasional que nos ayude a enseñar nuestra clase de la Escuela Dominical, sino ¡toda la verdad!
Si usted es empresario, eso significa que el Espíritu Santo le mostrará cómo aumentar sus ganancias y reducir sus gastos. Si usted es madre, esto significa que el Espíritu Santo le mostrará cómo resolver problemas entre sus hijos. Si usted es estudiante, esto significa que el Espíritu Santo le mostrará cómo sobresalir en sus clases.
Por cierto, si usted conoce a Jesucristo y ha sido bautizado en el Espíritu Santo, en su interior está la respuesta a todo problema económico, a todo problema espiritual y a todo problema físico que haya. ¡Usted tiene las respuestas a problemas que ni siquiera conoce aún!
Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos se tropezaron con un problema serio. Sus barcos estaban siendo hundidos por el enemigo más rápidamente de lo que podían construir nuevos barcos; un proceso que, en esa época, tomaba un año. En un esfuerzo para resolver ese dilema, se inventó un método por el cual un barco podía ser construido en un solo día. Pero había que construir el barco con la parte de arriba abajo. Entonces, al darle vuelta, las soldaduras se reventaban y el barco se rompía en pedazos.
Le presentaron el problema a un hombre profundamente espiritual, quien era un famoso empresario industrial en ese tiempo. "Yo averiguaré cómo hacerlo", dijo. Efectivamente, después de días de oración y ayuno, Dios le mostró la fórmula de la soldadura que mantendría al barco unido.
Si usted está haciendo frente a algún problema, no ande a rastras tratando de manejarlo con sus propias fuerzas. Tome en serio lo que Jesús dice en su Palabra y comience a pedirle al Espíritu Santo que le dé el conocimiento que necesita para resolverlo. Ponga la sabiduría de los siglos a obrar en su trabajo, en su familia y en su mundo. Conéctese con las verdades que Él ha puesto en usted.
–(Juan 16:13)
Jesús dijo que el Espíritu Santo nos guiaría a toda la verdad. No tan sólo la verdad que sea suficiente para subsistir ni la verdad ocasional que nos ayude a enseñar nuestra clase de la Escuela Dominical, sino ¡toda la verdad!
Si usted es empresario, eso significa que el Espíritu Santo le mostrará cómo aumentar sus ganancias y reducir sus gastos. Si usted es madre, esto significa que el Espíritu Santo le mostrará cómo resolver problemas entre sus hijos. Si usted es estudiante, esto significa que el Espíritu Santo le mostrará cómo sobresalir en sus clases.
Por cierto, si usted conoce a Jesucristo y ha sido bautizado en el Espíritu Santo, en su interior está la respuesta a todo problema económico, a todo problema espiritual y a todo problema físico que haya. ¡Usted tiene las respuestas a problemas que ni siquiera conoce aún!
Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos se tropezaron con un problema serio. Sus barcos estaban siendo hundidos por el enemigo más rápidamente de lo que podían construir nuevos barcos; un proceso que, en esa época, tomaba un año. En un esfuerzo para resolver ese dilema, se inventó un método por el cual un barco podía ser construido en un solo día. Pero había que construir el barco con la parte de arriba abajo. Entonces, al darle vuelta, las soldaduras se reventaban y el barco se rompía en pedazos.
Le presentaron el problema a un hombre profundamente espiritual, quien era un famoso empresario industrial en ese tiempo. "Yo averiguaré cómo hacerlo", dijo. Efectivamente, después de días de oración y ayuno, Dios le mostró la fórmula de la soldadura que mantendría al barco unido.
Si usted está haciendo frente a algún problema, no ande a rastras tratando de manejarlo con sus propias fuerzas. Tome en serio lo que Jesús dice en su Palabra y comience a pedirle al Espíritu Santo que le dé el conocimiento que necesita para resolverlo. Ponga la sabiduría de los siglos a obrar en su trabajo, en su familia y en su mundo. Conéctese con las verdades que Él ha puesto en usted.
viernes, julio 13, 2007
Plegaria pidiendo ser libradode los enemigos
1 Disputa, Jehová,con los que contra mí contienden;
pelea contra los que me combaten.
2 Echa mano al escudo y al pavés,
y levántate en mi ayuda.
3 Saca la lanza,
cierra contra mis perseguidores;
di a mi alma: «¡Yo soy tu salvación!»
4 Sean avergonzados y confundidos
los que buscan mi vida;
sean vueltos atrás y avergonzados
los que mi mal intentan.
5 Sean como el tamo delante del viento,
y el ángel de Jehová los acose.
6 Sea su camino tenebroso y resbaladizo,
y el ángel de Jehová los persiga,
7 porque sin causa escondieron para mísu red en un hoyo;
sin causa cavaron hoyo para mi alma.
8 ¡Véngale el quebrantamiento inesperado,
y la red que él escondió lo atrape!
¡Caiga en ella con quebranto!
9 Entonces mi alma se alegrará en Jehová;
se regocijará en su salvación.
10 Todos mis huesos dirán:
«Jehová, ¿quién como tú,
que libras al afligido del más fuerte que él,
y al pobre y menesterosodel que lo despoja
pelea contra los que me combaten.
2 Echa mano al escudo y al pavés,
y levántate en mi ayuda.
3 Saca la lanza,
cierra contra mis perseguidores;
di a mi alma: «¡Yo soy tu salvación!»
4 Sean avergonzados y confundidos
los que buscan mi vida;
sean vueltos atrás y avergonzados
los que mi mal intentan.
5 Sean como el tamo delante del viento,
y el ángel de Jehová los acose.
6 Sea su camino tenebroso y resbaladizo,
y el ángel de Jehová los persiga,
7 porque sin causa escondieron para mísu red en un hoyo;
sin causa cavaron hoyo para mi alma.
8 ¡Véngale el quebrantamiento inesperado,
y la red que él escondió lo atrape!
¡Caiga en ella con quebranto!
9 Entonces mi alma se alegrará en Jehová;
se regocijará en su salvación.
10 Todos mis huesos dirán:
«Jehová, ¿quién como tú,
que libras al afligido del más fuerte que él,
y al pobre y menesterosodel que lo despoja
jueves, julio 12, 2007
POR UNA BUENA CAUSA, LOS NIÑOS.

ESTA PROMOCION ES PARA PONER EN CONOCIMIENTO EL PROPISITO DE CREAR UNA CASA PARA LOS NIÑOS DE LA CALLE.
CON EL APOYO A UNA LLAMANDA POR LA PAZ ESTAS QUITANDO UN NIÑO DE LA CALLE, Y ESTAS PERMITIENDO UN HOMBRE O MUJER DE BIEN PARA EL FUTURO.
CONTAMOS, MAS QUE CON TU PRESENCIA, CON TU APOYO INCONDICIONAL, NO MIRANDO EL MEDIO, SINO EL FIN, EL PROPOSITO.
DIOS TE BENDIGA.
Necesita aplicar la palabra
Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.
–(Salmo 34:10)
¿Sabía que, de acuerdo con la Palabra de Dios, no hay escasez en el Cuerpo de Cristo? Todo lo que podamos necesitar y todo problema que podamos enfrentar ha sido cubierto por la sangre de Jesús. Sus abundantes y preciosas promesas lo han suplido todo.
¿Por qué entonces muchos seguimos en la escasez? Porque, como dice Hebreos 5:13, somos inexpertos en la Palabra de justicia.
Se necesita ser experto para aplicar la Palabra de Dios. Muchos no saben eso. A veces decimos cualquier cosa de la Palabra y tratamos de usarla a como se nos antoje. Hacemos una oración tonta y luego decimos: "Bueno, Dios sabe lo que quiero decir", y esperamos que sea contestada.
Eso es chistoso. Nosotros nunca permitiríamos esa clase de negligencia en la esfera natural. Si nuestro médico entrara, nos tirara un frasco de píldoras y dijera: "Aquí tiene esto, tómeselo", sin ni siquiera tratar de examinarnos, saldríamos de su oficina y nunca volveríamos. Sin embargo, nos sorprendemos cuando esa misma actitud negligente en el ámbito espiritual hace que nuestras oraciones no sean eficaces.
Vivimos en una sociedad "instantánea" en la que todo es rápido y fácil. Y muchos dejamos que esa mentalidad afecte nuestra vida con el Señor Jesucristo. Cuando alguien necesita sanidad, irrumpimos por la puerta del hospital, le echamos un poco de aceite en la frente y decimos: "¡Gloria a Dios!" y nos vamos. A veces no se necesita decir más que: "¡En el nombre de Jesús, sé sano!" Pero a veces hay algo más que debe hacerse.
Ha llegado la hora de despojarnos de esa mentalidad "instantánea" y darnos cuenta de que hay situaciones en las que debemos tomarnos el tiempo y orar en el Espíritu Santo; situaciones en las que vamos a tener que sentarnos y escuchar las instrucciones de Dios.
Si usted es inexperto en cualquier aspecto de la vida, ya sea sanidad, finanzas o alguna otra cosa, propóngase hacerse experto en la Palabra en cuanto a ese aspecto. Tome la Biblia y lea los pasajes sobre sanidad, lea los versículos sobre milagros, lea todas las promesas de Dios y lea las ben¬diciones sobre Abraham.
Medite en esas cosas y pídale a Dios que le hable por medio de ellas y lo ilumine en la situación que está enfrentando. No diga cualquiera cosa acerca de la Palabra; escudríñela. Tenga comunión con su Padre por medio de ella y pídale que le muestre cómo ser experto a la hora de aplicarla. Con el tiempo, usted no tendrá escasez de ninguna cosa.
–(Salmo 34:10)
¿Sabía que, de acuerdo con la Palabra de Dios, no hay escasez en el Cuerpo de Cristo? Todo lo que podamos necesitar y todo problema que podamos enfrentar ha sido cubierto por la sangre de Jesús. Sus abundantes y preciosas promesas lo han suplido todo.
¿Por qué entonces muchos seguimos en la escasez? Porque, como dice Hebreos 5:13, somos inexpertos en la Palabra de justicia.
Se necesita ser experto para aplicar la Palabra de Dios. Muchos no saben eso. A veces decimos cualquier cosa de la Palabra y tratamos de usarla a como se nos antoje. Hacemos una oración tonta y luego decimos: "Bueno, Dios sabe lo que quiero decir", y esperamos que sea contestada.
Eso es chistoso. Nosotros nunca permitiríamos esa clase de negligencia en la esfera natural. Si nuestro médico entrara, nos tirara un frasco de píldoras y dijera: "Aquí tiene esto, tómeselo", sin ni siquiera tratar de examinarnos, saldríamos de su oficina y nunca volveríamos. Sin embargo, nos sorprendemos cuando esa misma actitud negligente en el ámbito espiritual hace que nuestras oraciones no sean eficaces.
Vivimos en una sociedad "instantánea" en la que todo es rápido y fácil. Y muchos dejamos que esa mentalidad afecte nuestra vida con el Señor Jesucristo. Cuando alguien necesita sanidad, irrumpimos por la puerta del hospital, le echamos un poco de aceite en la frente y decimos: "¡Gloria a Dios!" y nos vamos. A veces no se necesita decir más que: "¡En el nombre de Jesús, sé sano!" Pero a veces hay algo más que debe hacerse.
Ha llegado la hora de despojarnos de esa mentalidad "instantánea" y darnos cuenta de que hay situaciones en las que debemos tomarnos el tiempo y orar en el Espíritu Santo; situaciones en las que vamos a tener que sentarnos y escuchar las instrucciones de Dios.
Si usted es inexperto en cualquier aspecto de la vida, ya sea sanidad, finanzas o alguna otra cosa, propóngase hacerse experto en la Palabra en cuanto a ese aspecto. Tome la Biblia y lea los pasajes sobre sanidad, lea los versículos sobre milagros, lea todas las promesas de Dios y lea las ben¬diciones sobre Abraham.
Medite en esas cosas y pídale a Dios que le hable por medio de ellas y lo ilumine en la situación que está enfrentando. No diga cualquiera cosa acerca de la Palabra; escudríñela. Tenga comunión con su Padre por medio de ella y pídale que le muestre cómo ser experto a la hora de aplicarla. Con el tiempo, usted no tendrá escasez de ninguna cosa.
miércoles, julio 11, 2007
BAJO EL PESO DEL EQUIPAJE
por: carlos rey
Era una mujer bonita, de rostro agraciado. Tenía un metro con cincuenta y dos de estatura, cincuenta y cuatro kilos de peso, cabello negro y ojos castaños almendrados. Vestía pantalones jeans, suéter azul, una blusa, dos camisetas, un anillo, una pulsera y un par de aretes. Parecía tener unos veinte años de edad.
Estaba muerta, en posición fetal. La descubrieron en el aeropuerto de Los Ángeles, California, metida dentro de una estrecha maleta. Al parecer, había intentado entrar a los Estados Unidos como polizón, pero el peso de todo el equipaje que se le puso encima le había oprimido el pecho. La muchacha había muerto por asfixia mecánica. «La mató el peso del equipaje de otros», comentó un funcionario.
Este es un caso patético. Una muchacha pobre y esperanzada, procedente del oriente o de América del Sur, intenta entrar a los Estados Unidos. Sueña quizá con trabajo, dinero, comodidades y poder ayudar a sus familiares. Se esconde en una maleta de reducidas dimensiones. Encima de ella se coloca una gran cantidad de baúles y maletas. Y así muere, oprimido su pecho por un peso que no puede resistir.
Hay muchas personas que se encuentran en una condición parecida a la de esa desconocida joven. Tienen el pecho oprimido por cargas que difícilmente pueden soportar. Y como a la muchacha del aeropuerto, les espera una muerte segura.
Hay mujeres solas, ya sean solteras, viudas o abandonadas, que cargan sobre el corazón un peso que apenas soportan. Sólo una débil esperanza, o esa inmensa capacidad de resistencia que tienen las más fuertes, las mantiene con vida.
Hay esposas que amaron intensamente a su esposo y se casaron con él pensando llegar a la cumbre de la felicidad, y en el camino fueron víctimas de su infidelidad. El peso de esa traición les oprime el corazón, y a duras penas soportan la vida que llevan con él.
Hay esposos y padres que trabajan y trabajan a fin de sostener a su familia, y sienten que sus esfuerzos jamás serán premiados lo suficiente para salir adelante como quisieran. Ese callejón sin salida en que se encuentran es como una maleta en la que están aprisionados y la rutina ingrata los está ahogando lentamente.
Hay artistas que nunca vieron realizados sus sueños; poetas que jamás lograron publicar nada; genios ignorados; triunfadores en las ciencias y en las artes, que por destinos adversos nunca llegaron a nada. Ellos también viven como si estuvieran dentro de una estrecha maleta, sintiendo como que el peso de la vida los asfixia.
¡Basta ya de soportar esas cargas que llevan a la muerte física y espiritual! Acudamos a Cristo. Cuando murió en nuestro lugar, «Él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores.» 1 Es decir, Cristo murió bajo el peso de nuestro equipaje a fin de librarnos de él. Para todos los que llevan una carga pesada sobre el pecho, que sienten que ya no aguantan más, Jesucristo dice: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.»
Era una mujer bonita, de rostro agraciado. Tenía un metro con cincuenta y dos de estatura, cincuenta y cuatro kilos de peso, cabello negro y ojos castaños almendrados. Vestía pantalones jeans, suéter azul, una blusa, dos camisetas, un anillo, una pulsera y un par de aretes. Parecía tener unos veinte años de edad.
Estaba muerta, en posición fetal. La descubrieron en el aeropuerto de Los Ángeles, California, metida dentro de una estrecha maleta. Al parecer, había intentado entrar a los Estados Unidos como polizón, pero el peso de todo el equipaje que se le puso encima le había oprimido el pecho. La muchacha había muerto por asfixia mecánica. «La mató el peso del equipaje de otros», comentó un funcionario.
Este es un caso patético. Una muchacha pobre y esperanzada, procedente del oriente o de América del Sur, intenta entrar a los Estados Unidos. Sueña quizá con trabajo, dinero, comodidades y poder ayudar a sus familiares. Se esconde en una maleta de reducidas dimensiones. Encima de ella se coloca una gran cantidad de baúles y maletas. Y así muere, oprimido su pecho por un peso que no puede resistir.
Hay muchas personas que se encuentran en una condición parecida a la de esa desconocida joven. Tienen el pecho oprimido por cargas que difícilmente pueden soportar. Y como a la muchacha del aeropuerto, les espera una muerte segura.
Hay mujeres solas, ya sean solteras, viudas o abandonadas, que cargan sobre el corazón un peso que apenas soportan. Sólo una débil esperanza, o esa inmensa capacidad de resistencia que tienen las más fuertes, las mantiene con vida.
Hay esposas que amaron intensamente a su esposo y se casaron con él pensando llegar a la cumbre de la felicidad, y en el camino fueron víctimas de su infidelidad. El peso de esa traición les oprime el corazón, y a duras penas soportan la vida que llevan con él.
Hay esposos y padres que trabajan y trabajan a fin de sostener a su familia, y sienten que sus esfuerzos jamás serán premiados lo suficiente para salir adelante como quisieran. Ese callejón sin salida en que se encuentran es como una maleta en la que están aprisionados y la rutina ingrata los está ahogando lentamente.
Hay artistas que nunca vieron realizados sus sueños; poetas que jamás lograron publicar nada; genios ignorados; triunfadores en las ciencias y en las artes, que por destinos adversos nunca llegaron a nada. Ellos también viven como si estuvieran dentro de una estrecha maleta, sintiendo como que el peso de la vida los asfixia.
¡Basta ya de soportar esas cargas que llevan a la muerte física y espiritual! Acudamos a Cristo. Cuando murió en nuestro lugar, «Él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores.» 1 Es decir, Cristo murió bajo el peso de nuestro equipaje a fin de librarnos de él. Para todos los que llevan una carga pesada sobre el pecho, que sienten que ya no aguantan más, Jesucristo dice: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.»
martes, julio 10, 2007
Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
–(Romanos 15:13)
Sabe, así es como quiero estar: ¡lleno de esperanza! Quiero atreverme a utilizar mi toda mi vida y todo lo que tengo en construir un sueño que venga del corazón de Dios. Quiero ir tan lejos que no pueda regresar, excepto con la ayuda de Dios.
Sin embargo, mucha gente no piensa de ese modo porque temen fracasar. El temor al fracaso es peligroso. Si se deja dominar por él, le obligará a hacer lo que inevitablemente garantizará el fracaso: el no intentarlo para nada.
¿Cómo puede contrarrestar el temor al fracaso? Abunde en esperanza. Dispóngase a estar a solas con Dios para escucharle. Medite en las promesas bíblicas hasta que la imagen sea tan clara en su interior que nada pueda sacudirla.
Si se encuentra postrado en cama y el médico le ha dicho que nunca más podrá caminar, en vez de sumirse en ese informe maligno, comience a soñar. Empiece a construir un sueño de escalar montañas y testificarle a la gente en las regiones apartadas. Vaya a la Palabra que promete que los que esperan en Jehová correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán. Mírelo hasta que usted no vea nada más. Imagínese caminando millas y corriendo de un lugar a otro, diciéndole a todos que Jesús le ha levantado y le ha sanado por completo.
Eso es todo lo que representa la esperanza. Es un sueño divino. Es una imagen interna que es más grande que usted, porque está construida sobre las promesas de Dios.
–(Romanos 15:13)
Sabe, así es como quiero estar: ¡lleno de esperanza! Quiero atreverme a utilizar mi toda mi vida y todo lo que tengo en construir un sueño que venga del corazón de Dios. Quiero ir tan lejos que no pueda regresar, excepto con la ayuda de Dios.
Sin embargo, mucha gente no piensa de ese modo porque temen fracasar. El temor al fracaso es peligroso. Si se deja dominar por él, le obligará a hacer lo que inevitablemente garantizará el fracaso: el no intentarlo para nada.
¿Cómo puede contrarrestar el temor al fracaso? Abunde en esperanza. Dispóngase a estar a solas con Dios para escucharle. Medite en las promesas bíblicas hasta que la imagen sea tan clara en su interior que nada pueda sacudirla.
Si se encuentra postrado en cama y el médico le ha dicho que nunca más podrá caminar, en vez de sumirse en ese informe maligno, comience a soñar. Empiece a construir un sueño de escalar montañas y testificarle a la gente en las regiones apartadas. Vaya a la Palabra que promete que los que esperan en Jehová correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán. Mírelo hasta que usted no vea nada más. Imagínese caminando millas y corriendo de un lugar a otro, diciéndole a todos que Jesús le ha levantado y le ha sanado por completo.
Eso es todo lo que representa la esperanza. Es un sueño divino. Es una imagen interna que es más grande que usted, porque está construida sobre las promesas de Dios.
lunes, julio 09, 2007
Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra.
–(Marcos 4:26)
Jesús comparó el reino de Dios con la siembra y la cosecha. Es un concepto fácil, uno que todos podemos entender. Entonces ¿por qué no estamos todos recogiendo una cosecha abundante cada temporada? Porque estamos sin hacer nada, esperando que Dios haga todo el trabajo. Pero Él no hace las cosas de esa manera. Él colabora con usted, pero no lo hace todo. Hay algunas cosas que usted debe hacer por fe si quiere recoger una buena cosecha en el tiempo de la siega.
Primero, usted debe sembrar por fe la semilla de la Palabra con la esperanza de que crezca. Debe encontrar las preciosas promesas de Dios en su Palabra y sembrarlas en su corazón y en su vida.
Luego, debe regar la semilla. Riéguela todos los días con la alabanza y con el agua espiritual de la Palabra. Esa Palabra contiene vida y esas semillas de promesas no podrán crecer sin ella.
Y por último, tiene que deshacerse de la mala hierba. Cuando la mala hierba del rencor, la duda, el temor, el desaliento y toda la otra basura que el diablo trata de sembrar en su cosecha quier¬an entrar, deshágase de ellas para que no ahoguen la Palabra.
Eso va a requerir que usted sea diligente. Nadie más lo hará por usted. Es necesario que deshierbe su propia cosecha. Tendrá que ser muy firme para esto. Cuando la mala hierba empiece a salir, ¡mátela! No le dé lugar en su campo ni por un momento, desarráiguela y riéguela con la Palabra. No se conforme con una flor silvestre cuando usted puede tener lo mejor de lo mejor de Dios.
No se quede con los brazos cruzados esperando que Dios planee la cosecha suya. Empiece usted a sembrarla. Empiece a vigilar su tierra (su corazón y su mente) para mantenerla húmeda con el agua de la Palabra y libre de mala hierva. Comprométase a hacer su parte y confíe en que Dios hará la de Él; y usted tendrá una cosecha abundante esta temporada.
–(Marcos 4:26)
Jesús comparó el reino de Dios con la siembra y la cosecha. Es un concepto fácil, uno que todos podemos entender. Entonces ¿por qué no estamos todos recogiendo una cosecha abundante cada temporada? Porque estamos sin hacer nada, esperando que Dios haga todo el trabajo. Pero Él no hace las cosas de esa manera. Él colabora con usted, pero no lo hace todo. Hay algunas cosas que usted debe hacer por fe si quiere recoger una buena cosecha en el tiempo de la siega.
Primero, usted debe sembrar por fe la semilla de la Palabra con la esperanza de que crezca. Debe encontrar las preciosas promesas de Dios en su Palabra y sembrarlas en su corazón y en su vida.
Luego, debe regar la semilla. Riéguela todos los días con la alabanza y con el agua espiritual de la Palabra. Esa Palabra contiene vida y esas semillas de promesas no podrán crecer sin ella.
Y por último, tiene que deshacerse de la mala hierba. Cuando la mala hierba del rencor, la duda, el temor, el desaliento y toda la otra basura que el diablo trata de sembrar en su cosecha quier¬an entrar, deshágase de ellas para que no ahoguen la Palabra.
Eso va a requerir que usted sea diligente. Nadie más lo hará por usted. Es necesario que deshierbe su propia cosecha. Tendrá que ser muy firme para esto. Cuando la mala hierba empiece a salir, ¡mátela! No le dé lugar en su campo ni por un momento, desarráiguela y riéguela con la Palabra. No se conforme con una flor silvestre cuando usted puede tener lo mejor de lo mejor de Dios.
No se quede con los brazos cruzados esperando que Dios planee la cosecha suya. Empiece usted a sembrarla. Empiece a vigilar su tierra (su corazón y su mente) para mantenerla húmeda con el agua de la Palabra y libre de mala hierva. Comprométase a hacer su parte y confíe en que Dios hará la de Él; y usted tendrá una cosecha abundante esta temporada.
viernes, julio 06, 2007
Hable palabras de fe
Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
–(Santiago 3:5-6)
Palabras: si se usan bien, pueden mover montes; si se usan mal, pueden hacer que su vida entera se haga humo.
Considere lo que dice Santiago: "¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!" ¿Alguna vez ha encendido astillas y las ha puesto debajo de un montón de leña? ¿Qué sucedió?
Probablemente las llamas empezaron a esparcirse de un leño a otro, hasta que todo se convirtió en un gran fuego. Después de apagar el fuego, si usted escarba en las cenizas no podrá encontrar las astillas que lo empezaron todo, ¿cierto? Las astillas se hicieron humo, no quedó ningún rastro de ellas.
La lengua es así. Primero contamina el cuerpo, luego inflama la rueda de la creación con un incendio tan grande que no queda rastro alguno de dónde se originó todo. Las palabras que empezaron el fuego se hicieron humo, no quedó rastro alguno de ellas; es como si nunca hubieran existido.
Por tanto, jamás subestime el poder de sus palabras. Puedo asegurarle que Satanás no lo hace. Él trabaja constantemente para hacer que usted las use en una manera negativa. Le disparará dardos de dolor, de enfermedad y de desaliento para hacerle hablar palabras negativas que harán que su vida se haga humo. Pero no le permita tener éxito. Apague el fuego siguiendo las instrucciones de Efesios 6:16. Haga lo que el apóstol Pablo dice: "Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno".
¡Ahora mismo, hable palabras de fe y apague el fuego antes de que se extienda más!
–(Santiago 3:5-6)
Palabras: si se usan bien, pueden mover montes; si se usan mal, pueden hacer que su vida entera se haga humo.
Considere lo que dice Santiago: "¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!" ¿Alguna vez ha encendido astillas y las ha puesto debajo de un montón de leña? ¿Qué sucedió?
Probablemente las llamas empezaron a esparcirse de un leño a otro, hasta que todo se convirtió en un gran fuego. Después de apagar el fuego, si usted escarba en las cenizas no podrá encontrar las astillas que lo empezaron todo, ¿cierto? Las astillas se hicieron humo, no quedó ningún rastro de ellas.
La lengua es así. Primero contamina el cuerpo, luego inflama la rueda de la creación con un incendio tan grande que no queda rastro alguno de dónde se originó todo. Las palabras que empezaron el fuego se hicieron humo, no quedó rastro alguno de ellas; es como si nunca hubieran existido.
Por tanto, jamás subestime el poder de sus palabras. Puedo asegurarle que Satanás no lo hace. Él trabaja constantemente para hacer que usted las use en una manera negativa. Le disparará dardos de dolor, de enfermedad y de desaliento para hacerle hablar palabras negativas que harán que su vida se haga humo. Pero no le permita tener éxito. Apague el fuego siguiendo las instrucciones de Efesios 6:16. Haga lo que el apóstol Pablo dice: "Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno".
¡Ahora mismo, hable palabras de fe y apague el fuego antes de que se extienda más!
jueves, julio 05, 2007
No nos dejemos confundir
Dios nunca trata de confundirnos. Por el contrario, Él se expresa con precisión porque desea que entendamos de verdad Sus enseñanzas, y cómo se aplican ellas a nuestras vidas. En palabras sencillas, el Señor quiere que tengamos absoluta confianza en Él.
Pero, tenemos un Enemigo que intenta debilitar esa confianza constantemente. Un día tenemos mucho gozo en la vida, estamos seguros de nuestra salvación, y luego, ¡bam! Pecamos, y nuestros sentimientos nos controlan. El diablo utiliza nuestros remordimientos y nuestras emociones encontradas para destruir nuestra confianza. Pensamos: No es posible que yo sea salvo/a. Si realmente lo fuera, nunca habría hecho tal cosa. Abrumados por sentimientos de remordimiento y vergüenza, vemos que nuestra fe es puesta a prueba.
Es increíble lo efectivas que pueden ser nuestras fugaces emociones humanas para debilitar nuestra seguridad en las promesas de Dios. Sin embargo, eso no debe sorprendernos porque, después de todo, hombres y mujeres han sido acondicionados para ser dirigidos por sus sentimientos a lo largo de sus vidas. “Si te hace sentir bien, hazlo” es un lema muy común en el mundo de hoy.
Pero, el Señor no habla con sentimientos, sino con la verdad. Para un creyente, “sentirse salvo” es como para un esposo o una esposa “sentirse casado/a”. O lo está, o no lo está; los sentimientos no determinan esa realidad.
¿Sus sentimientos de remordimiento le han robado su confianza en la salvación eterna de Dios? Ponga sus sentimientos delante del Señor hoy, y acepte la seguridad que da sólo Su verdad.
Pero, tenemos un Enemigo que intenta debilitar esa confianza constantemente. Un día tenemos mucho gozo en la vida, estamos seguros de nuestra salvación, y luego, ¡bam! Pecamos, y nuestros sentimientos nos controlan. El diablo utiliza nuestros remordimientos y nuestras emociones encontradas para destruir nuestra confianza. Pensamos: No es posible que yo sea salvo/a. Si realmente lo fuera, nunca habría hecho tal cosa. Abrumados por sentimientos de remordimiento y vergüenza, vemos que nuestra fe es puesta a prueba.
Es increíble lo efectivas que pueden ser nuestras fugaces emociones humanas para debilitar nuestra seguridad en las promesas de Dios. Sin embargo, eso no debe sorprendernos porque, después de todo, hombres y mujeres han sido acondicionados para ser dirigidos por sus sentimientos a lo largo de sus vidas. “Si te hace sentir bien, hazlo” es un lema muy común en el mundo de hoy.
Pero, el Señor no habla con sentimientos, sino con la verdad. Para un creyente, “sentirse salvo” es como para un esposo o una esposa “sentirse casado/a”. O lo está, o no lo está; los sentimientos no determinan esa realidad.
¿Sus sentimientos de remordimiento le han robado su confianza en la salvación eterna de Dios? Ponga sus sentimientos delante del Señor hoy, y acepte la seguridad que da sólo Su verdad.
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Dios no cambia,
El es fiel.
miércoles, julio 04, 2007
Por instinto y no por razonamiento
por el Hermano Pablo
Eran compañeros de infancia. Se habían criado juntos, y les había enseñado el mismo tutor. Juntos habían recorrido varios países, en los que habían trabajado. Incluso, habían aparecido juntos en varios circos y películas. Pero el tiempo, finalmente, los cubrió con su manto blanco, y ya viejos, Garth y Percy se jubilaron juntos en un zoológico. Porque Garth y Percy eran dos hipopótamos.
En un mes de agosto, unos vándalos mataron a Percy de un tiro, y su compañero Garth nunca se consoló de su muerte. Un año después, en una gran tormenta, Garth se quedó obstinadamente a la intemperie, y murió fulminado. Algunos expertos en psicología animal concluyeron que su muerte fue voluntaria.
En el libro de los Proverbios, el sabio Salomón nos enseña que aun los animales pueden servirnos de maestros. En un conocido pasaje, mediante la lección que da la hormiga, nos exhorta sobre la haraganería: «¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría!» (Proverbios 6:6).
Eso mismo debemos hacer en el caso de los hipopótamos. La lección es clara. Si entre los animales hay evidencia de lealtad y de afecto, ¿por qué será que entre nosotros los seres humanos hay tanta desconfianza, tantos celos y tanto odio? ¿Por qué nos hacemos daño el uno al otro? Los amigos se traicionan por la menor razón. Los hermanos se odian a muerte por bienes raíces. Los padres abandonan a sus hijos, y los hijos deshonran a sus padres.
Un viejo hipopótamo pierde a su camarada en un acto vandálico, y nunca se consuela. Al año de la muerte de su compañero, busca voluntariamente su propia muerte. ¿Qué tienen los animales que nosotros los seres humanos no tenemos?
La respuesta debiera ser la vergüenza más grande de la raza humana. El reino animal, que no conoce el odio, se rige por el instinto. En cambio, el reino humano se rige por el raciocinio. Es triste que sea más leal un animal que un ser humano. ¿De dónde viene la predisposición a odiarnos los unos a los otros? Viene del pecado que reina en nosotros. El mal no está en nuestra cabeza sino en nuestro corazón.
¿Quiere eso decir que el género humano está destinado a odios y traiciones y matanzas y guerras? En sentido colectivo, sí. Pero no en sentido individual.
Jesucristo nos ofrece la alternativa de un nuevo nacimiento, un cambio radical en nuestra naturaleza, un nuevo corazón. Eso es precisamente lo que ocurre cuando le entregamos nuestra vida. Él quiere y puede cambiar nuestro corazón.
Entreguémosle a Cristo nuestra voluntad. Rindámosle nuestra vida. Regresemos al Dios que tanto nos ama. Él será nuestro Señor, y nos dará un nuevo corazón. Si nos entregamos a Él, nuestra vida entera cambiará.
Eran compañeros de infancia. Se habían criado juntos, y les había enseñado el mismo tutor. Juntos habían recorrido varios países, en los que habían trabajado. Incluso, habían aparecido juntos en varios circos y películas. Pero el tiempo, finalmente, los cubrió con su manto blanco, y ya viejos, Garth y Percy se jubilaron juntos en un zoológico. Porque Garth y Percy eran dos hipopótamos.
En un mes de agosto, unos vándalos mataron a Percy de un tiro, y su compañero Garth nunca se consoló de su muerte. Un año después, en una gran tormenta, Garth se quedó obstinadamente a la intemperie, y murió fulminado. Algunos expertos en psicología animal concluyeron que su muerte fue voluntaria.
En el libro de los Proverbios, el sabio Salomón nos enseña que aun los animales pueden servirnos de maestros. En un conocido pasaje, mediante la lección que da la hormiga, nos exhorta sobre la haraganería: «¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría!» (Proverbios 6:6).
Eso mismo debemos hacer en el caso de los hipopótamos. La lección es clara. Si entre los animales hay evidencia de lealtad y de afecto, ¿por qué será que entre nosotros los seres humanos hay tanta desconfianza, tantos celos y tanto odio? ¿Por qué nos hacemos daño el uno al otro? Los amigos se traicionan por la menor razón. Los hermanos se odian a muerte por bienes raíces. Los padres abandonan a sus hijos, y los hijos deshonran a sus padres.
Un viejo hipopótamo pierde a su camarada en un acto vandálico, y nunca se consuela. Al año de la muerte de su compañero, busca voluntariamente su propia muerte. ¿Qué tienen los animales que nosotros los seres humanos no tenemos?
La respuesta debiera ser la vergüenza más grande de la raza humana. El reino animal, que no conoce el odio, se rige por el instinto. En cambio, el reino humano se rige por el raciocinio. Es triste que sea más leal un animal que un ser humano. ¿De dónde viene la predisposición a odiarnos los unos a los otros? Viene del pecado que reina en nosotros. El mal no está en nuestra cabeza sino en nuestro corazón.
¿Quiere eso decir que el género humano está destinado a odios y traiciones y matanzas y guerras? En sentido colectivo, sí. Pero no en sentido individual.
Jesucristo nos ofrece la alternativa de un nuevo nacimiento, un cambio radical en nuestra naturaleza, un nuevo corazón. Eso es precisamente lo que ocurre cuando le entregamos nuestra vida. Él quiere y puede cambiar nuestro corazón.
Entreguémosle a Cristo nuestra voluntad. Rindámosle nuestra vida. Regresemos al Dios que tanto nos ama. Él será nuestro Señor, y nos dará un nuevo corazón. Si nos entregamos a Él, nuestra vida entera cambiará.
martes, julio 03, 2007
Porque el Señor al que ama, disciplina.
Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
–(Hebreos 12:6-7)
Hoy día existe un terrible malentendido entre los creyentes acerca del método de Dios para disciplinar a sus hijos. Algunos mencionan cierta clase de desastre, como un tornado o un accidente automovilístico, para decir: "Creo que Dios envió eso para enseñarnos algo".
¡No! ¡Él no lo hizo! Un Dios amoroso no envía muerte y destrucción a sus hijos para enseñarles algo. Él no desata su perro bravo para que nos muerda en la pierna y así aprendamos a usar nuestras botas.
¿Cómo disciplina Dios a los suyos? Lo hace con su Palabra. En 2 Timoteo 3:16-17 dice: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra".
En 2 Corintios 7 encontrará un ejemplo de esto. Allí el apóstol Pablo habla de una situación en la iglesia de Corinto que necesitaba ser corregida. La iglesia se había salido del camino.
¿Cómo lo hizo Pablo? Pues, no le pidió a Dios que enviara un terremoto para sacudir a los creyentes. Lo que hizo fue enviarles una carta en la que les reprochaba lo que habían hecho. Les dolió tanto que hubieran preferido mejor ser golpeados con un palo. El reproche les llegó al corazón y los llevó al arrepentimiento.
El Padre celestial le ama a usted y por eso lo disciplina, pero lo hará con instrumentos espirituales, no carnales. Dios usará el poder del Espíritu en su Palabra para disciplinar la incredul¬idad y purificar su espíritu de tal manera que usted no se sienta debilitado ni culpable, sino fortalecido.
Así que deje de inclinarse a los desastres y comience a someterse a la Palabra de Dios. Ríndase a la Palabra y deje que le corrija y que corte de usted la carne y la lujuria que lo hacen desviarse. Recuerde, la espada del Espíritu es de dos filos: uno es para Satanás y el otro para usted. Deje que Dios la use para guardarlo a usted en el camino correcto.
–(Hebreos 12:6-7)
Hoy día existe un terrible malentendido entre los creyentes acerca del método de Dios para disciplinar a sus hijos. Algunos mencionan cierta clase de desastre, como un tornado o un accidente automovilístico, para decir: "Creo que Dios envió eso para enseñarnos algo".
¡No! ¡Él no lo hizo! Un Dios amoroso no envía muerte y destrucción a sus hijos para enseñarles algo. Él no desata su perro bravo para que nos muerda en la pierna y así aprendamos a usar nuestras botas.
¿Cómo disciplina Dios a los suyos? Lo hace con su Palabra. En 2 Timoteo 3:16-17 dice: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra".
En 2 Corintios 7 encontrará un ejemplo de esto. Allí el apóstol Pablo habla de una situación en la iglesia de Corinto que necesitaba ser corregida. La iglesia se había salido del camino.
¿Cómo lo hizo Pablo? Pues, no le pidió a Dios que enviara un terremoto para sacudir a los creyentes. Lo que hizo fue enviarles una carta en la que les reprochaba lo que habían hecho. Les dolió tanto que hubieran preferido mejor ser golpeados con un palo. El reproche les llegó al corazón y los llevó al arrepentimiento.
El Padre celestial le ama a usted y por eso lo disciplina, pero lo hará con instrumentos espirituales, no carnales. Dios usará el poder del Espíritu en su Palabra para disciplinar la incredul¬idad y purificar su espíritu de tal manera que usted no se sienta debilitado ni culpable, sino fortalecido.
Así que deje de inclinarse a los desastres y comience a someterse a la Palabra de Dios. Ríndase a la Palabra y deje que le corrija y que corte de usted la carne y la lujuria que lo hacen desviarse. Recuerde, la espada del Espíritu es de dos filos: uno es para Satanás y el otro para usted. Deje que Dios la use para guardarlo a usted en el camino correcto.
lunes, julio 02, 2007
Es necesario dedicar tiempo para lograrlo
Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia. Engrandécela, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado. Adorno de gracia dará a tu cabeza; corona de hermosura te entregará.
–(Proverbios 4:7-9)
Si usted de veras quiere recibir sabiduría de Dios, tendrá que leer las Escrituras de una forma menos superficial. Será necesario que se alimente de ellas noche y día. Tendrá que renovar su mente con la Palabra de Dios para deshacerse de la basura con la que ha estado alimentándola.
"Ah, hermano "quizá diga usted-, Eso es poco razonable".
Pues, así es. Considere lo siguiente. El estudiante de música en la universidad ensaya varias horas todos los días. Los atletas olímpicos se entrenan de seis a ocho horas al día para perfeccionar su técnica. Lo hacen porque su dedicación para lograr sus metas es "poco razonable".
Lo mismo se aplica en su vida. Si quiere lograr la clase de excelencia espiritual a la que está aspirando, tendrá que dedicarse de una manera poco razonable a la Palabra de Dios. Eso quizá signifique tener que llevar una grabadora a todo lugar que vaya. O quizá signifique tener la afeitadora en una mano y la grabadora en la otra, o la grabadora en una mano y el tenedor en la otra.
Haga lo que sea necesario para saturarse totalmente de la Palabra de Dios. Yo no le hablaría a usted de forma diferente si fuera su jefe de comando, y estaría a punto de enviarle al frente de batalla contra las tropas bien entrenadas de un enemigo cruel.
Usted forma parte de las tropas de asalto de Dios. Tiene un enemigo que está empeñado en destruirle a como dé lugar. En este ataque a todo dar y sin tregua contra usted, Satanás despachará el personal infernal mejor entrenado para derribarle. Y si usted quiere obtener la victoria, tendrá que someterse al entrenamiento.
Para obtener sabiduría ante todo, tendrá que tener una dedicación poco razonable.
–(Proverbios 4:7-9)
Si usted de veras quiere recibir sabiduría de Dios, tendrá que leer las Escrituras de una forma menos superficial. Será necesario que se alimente de ellas noche y día. Tendrá que renovar su mente con la Palabra de Dios para deshacerse de la basura con la que ha estado alimentándola.
"Ah, hermano "quizá diga usted-, Eso es poco razonable".
Pues, así es. Considere lo siguiente. El estudiante de música en la universidad ensaya varias horas todos los días. Los atletas olímpicos se entrenan de seis a ocho horas al día para perfeccionar su técnica. Lo hacen porque su dedicación para lograr sus metas es "poco razonable".
Lo mismo se aplica en su vida. Si quiere lograr la clase de excelencia espiritual a la que está aspirando, tendrá que dedicarse de una manera poco razonable a la Palabra de Dios. Eso quizá signifique tener que llevar una grabadora a todo lugar que vaya. O quizá signifique tener la afeitadora en una mano y la grabadora en la otra, o la grabadora en una mano y el tenedor en la otra.
Haga lo que sea necesario para saturarse totalmente de la Palabra de Dios. Yo no le hablaría a usted de forma diferente si fuera su jefe de comando, y estaría a punto de enviarle al frente de batalla contra las tropas bien entrenadas de un enemigo cruel.
Usted forma parte de las tropas de asalto de Dios. Tiene un enemigo que está empeñado en destruirle a como dé lugar. En este ataque a todo dar y sin tregua contra usted, Satanás despachará el personal infernal mejor entrenado para derribarle. Y si usted quiere obtener la victoria, tendrá que someterse al entrenamiento.
Para obtener sabiduría ante todo, tendrá que tener una dedicación poco razonable.
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